Clemente Díaz

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Clemente Díaz

Noviembre 06, 2019 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

El presidente Guillermo León Valencia lo llamaba “el mejor guitarrista del mundo”. En 1963 le consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio Real de Madrid. Nació en el barrio Obrero de Cali y se inició en la música con una paliza; dejó caer accidentalmente la guitarra de su padre.

Es Clemente Díaz, un maestro que discurre en Cali, casi olvidado.

En una luminosa mañana de 1963, un joven tocó a la puerta de la familia Valencia en Popayán, donde acababa de celebrarse la boda de la hija del entonces candidato a la presidencia de Colombia, por el Frente Nacional, Guillermo León Valencia.

Un portero salió a ver de qué se trataba y se encontró, tras la forja de la puerta que daba acceso al patio, a un músico de aspecto sencillo, con su guitarra, quien, sin mediar palabra, le dijo:

-Vengo a ofrecerle una serenata a los recién casados.

-Qué pena, usted no tiene tarjeta de invitación, y además viene muy mal vestido, retírese, terció el hombre.

El de la guitarra insistió y en ese momento pasó por ahí Luz Valencia. Preguntó qué ocurría.

-Soy Clemente Díaz, guitarrista clásico, estudié en el Instituto Popular de Cultura y en el Conservatorio de Cali, y sólo quiero hacerle un homenaje a los novios en este día. Ella llamó a Guillermo León, quien atendió de manera gentil al joven, y le pidió tocar una pieza.

En segundos, Clemente se convirtió en el foco de atención de la fiesta. Sus dedos se desplazaban armoniosamente por el instrumento, dejando caer en el salón las notas de ‘Asturias’, de Albéniz, ‘Capricho Árabe’, de Tárrega, y dos canciones que fascinaban a quien fuera presidente de Colombia: ‘Señora María Rosa’, y ‘El Sotareño’.

Guillermo León le preguntó, al final de la velada, qué deseaba hacer en la vida, porque ancho es el mundo, y algo hay que hacer, y Clemente le respondió: “Estudiar en Europa, su excelencia; vengo de una familia muy pobre, y no veo posible alcanzar fácilmente este sueño”.

“Jovencito, yo nunca había escuchado una guitarra como la suya, especialmente en la ejecución de Señora María Rosa y El Sotareño”, le expresó. Lo invitó al jardín, donde tomaron asiento. Ahí, le preguntó: “Cuáles son sus aspiraciones, porque quiero prometerle que si soy Presidente de Colombia, haré el mayor esfuerzo para que usted cumpla su sueño…”. Le pidió disfrutar de la fiesta, y agregó: “Como usted viene de Cali, lo invito a que se quede en Popayán, y mañana lo envío con mi chofer”. Meses después fue elegido Presidente, y en 1963 Clemente tomó un barco a Europa, becado.

Con Guillermo León elegido, Clemente habló con Benjamín Iragorri. Le dio una carta en sobre lacrado para que la entregara de manera personal al Presidente en Bogotá. Clemente tomó un bus, llegó a la fría capital y se dirigió a un teléfono público. A las doce del día estuvo en San Carlos. Un guardia presidencial que a esa hora hacía su ronda, le preguntó: “¿Usted es el Maestro Clemente Díaz? Tenemos orden de dejarlo pasar”. Atravesó un largo pasillo y llegó hasta donde el Presidente almorzaba en un salón con sus ministros y algunos amigos. Al verlo, se puso de pie y le dijo: “Maestro qué gusto verlo, qué alegría; ¡Señores ministros, les presento al mejor guitarrista del mundo; arránquese con el Sotareño!”.

Le hizo dos propuestas: el 31 de diciembre de ese año, un barco de la Flota Mercante Grancolombiana salía desde Barranquilla al puerto de Le Havre, Francia. “Ahí tenemos un camarote para invitados especiales. Considere viajar en el barco o se viene conmigo, porque el 12 de enero salgo para España en el avión presidencial”, le dijo. Decidió el viaje en barco.

Ahora quiere enviarle una carta al presidente, para saber por qué, ya próximo a cumplir 85 años, con toda la gloria musical que le ha dado a Colombia, no tiene una pensión.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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