Cali destruida

Enero 12, 2022 - 11:50 p. m. 2022-01-12 Por: Medardo Arias Satizábal

Cali no volverá a ser la ciudad que fue hasta que no desaparezcan los signos de odio que encontramos diariamente en ella, y en esta tarea debe empeñarse el gobierno departamental y nacional, bajo el amparo de la Ley.

No incluyo a la administración local en esa responsabilidad, porque ya sabemos que es cómplice y tolerante con el terrorismo urbano que destruyó la ciudad en el pasado ‘paro’, como lo acaba de afirmar Enrique Gómez: “El Eln  usa el mismo manual que las Farc antes de la firma del acuerdo tramposo de La Habana, con una diferencia: esta vez ese grupo terrorista cuenta con la complicidad de alcaldes, como en el caso de Cali. O elegimos bien o nos quedamos sin país. No nos dejemos quitar a Colombia…”.

Porque en Cali no hay autoridad o esta es tolerante con la criminalidad, se permitió que un grupo indígena que fue salvado de la antropofagia de sus hermanos ecuatorianos por el propio Sebastián de Belalcázar, viniera hasta aquí  y derribara la estatua del fundador de la ciudad. Una estatua de bronce, hay que decirlo, que continúa guardada en las sentinas del odio.

Quizá el bronce no va con los nuevos tiempos; la ciudad empezó a abaratarse desde que se permitió que se erigieran como ‘estatuas’ unos matachos coloreados que recuerdan a una señora que padecía demencia delirante, o a Piper Pimienta en un barrio de la ciudad. A propósito, la ‘estatua’ de Jovita acaba de ser intervenida con unos mamarrachos alrededor, unos libros que supuestamente representan a Cali y el Valle.

La selección es irregular pues al lado de María de Jorge Isaacs aparece la obra de escribidores mediocres, cuyo único mérito es el de estar montados en el tren sin destino del petrismo. Claro, la ciudad es socia de Petro, va en su mismo coche y es de esta manera que la Subsecretaría de Cultura dilapida nuestros impuestos en contratos que van a parar a la primera línea de ese partido. Esto desde luego hay que vigilarlo con lupa para saber cuantos cientos de millones han sido adjudicados a través de la red de bibliotecas y demás entes culturales, a personajes cuyo único mérito es ser zurdos.

¿Cuánto costó este mamarracho que acaban de agregarle a Jovita? Buena pregunta. Me pregunto si era necesario, tanto como las múltiples remociones de tierra que se hacen hoy por un supuesto ‘amoblamiento urbano’.

Cali debe volver por sus fueros y dejar atrás los eventos cicatriz como el pomposo Festival Internacional de Poesía, en el cual fueron coronados los nuevos “poetas de primera línea”. Claro que no se pueden pedir peras al olmo. El evento está dirigido por una poetisa venezolana de quinto atril. En adefesios como este se van nuestros impuestos.

Mientras tanto la ciudad continúa sin semáforos, sin estaciones de transporte masivo, duramente golpeada por la quema y destrucción de numerosos buses.

Mientras el alcalde afirma que en la ciudad puede presentarse ‘otro estallido social’ -¿amenaza?- en el oriente continúa como símbolo de odio un supuesto monumento junto al cual el Eln  acaba de herir a más de diez uniformados del Esmad.

Gobernadora Clara Luz, ministro Molano, ejerzan autoridad: es necesario derribar por la fuerza el matacho de ‘Puerto Resistencia’, por ser símbolo de la incitación al odio, al crimen de hermanos colombianos, y restaurar -también por la fuerza de la Ley- la estatua del fundador en el pedestal hoy vacío.

Igualmente, como lo inició en su momento la precandidata María Fernanda Cabal, es necesario limpiar con pintura blanca todos los muros de Cali que han sido mancillados por el resentimiento de los necios.

Cali quiere volver a respirar, y una manera de hacerlo es limpiar y restregar con lejía toda huella del mal.

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