Vivir en el campo
La vida en el campo es más sana, más sencilla y más segura
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1 de nov de 2021, 11:55 p. m.
Actualizado el 18 de may de 2023, 07:27 a. m.
Cada día aumentan las personas que toman la sabia decisión de irse a vivir al campo, es decir de abandonar la ciudad y con ello el mundanal ruido.
Aburridas y desesperadas con los trancones, la inseguridad, la polución y las aglomeraciones, optan por reubicar sus residencias en las afueras en lugares ni tan cerca ni tan lejos, apostándole a una nueva forma de pasar sus vidas.
De las poquísimas cosas buenas que nos ha dejado esta pandemia ha sido el replantear la forma de habitar en este mundo cada vez más convulsionado y hostil.
Y es así como desde hace varios meses centenares de familias se han desplazado a sus casas de campo o han alquilado pequeñas fincas con el ánimo inicial de esperar que todo se normalizará y se han ido quedando en ellas.
Es más, muchas han cerrado sus residencias, otras las han puesto en venta y no pocas han decidido vender sus inmuebles y comprar algo más pequeño y funcional.
Y pese a los trancones que se presentan para entrar o salir hacia los suburbios, prefieren estas incomodidades a padecer el colapsado tráfico urbano, máximo cuando la virtualidad permite el trabajo y el estudio en casa.
Por otra parte, la vida en el campo es más sana, más sencilla y más segura. Permite un refrescante contacto con la naturaleza y algo tan importante como es volver a las cosas simples de la vida, que en estas locas carreras se nos volvió un infierno y nos convirtió en autómatas y esclavos casi hasta sin tiempo para respirar.
Vivir en el campo es regalarnos calidad de vida. Es disfrutar de la placidez y del silencio. Es poder contemplar “una noche llena de murmullos y de música de alas“, como escribiera el tan inspirado poeta.
Es dormir sin sobresaltos, sin sirenas, sin disparos, sin caravanas de motos y sin los jolgorios de los vecinos insoportables. Es despertar con el kikirikí del gallo y el cántico de los pájaros. Es sin duda pasar en vida a una mejor vida.
Tengo amigos que se hartaron de la ciudad y que organizaron de tal manera sus horarios que vienen a Cali un día a la semana, hacen todas sus vueltas y no ven la hora de regresarse y aseguran que allá se quedan.
Y es que en esos llamados ‘veraneaderos’ ya se consigue de todo: desde mercados campesinos con quesos, hortalizas, legumbres y frutas frescas. Café de la región. Panes recién horneados. Carnes de res, pollo y cerdo de insuperable calidad.
Droguerías y puestos de salud, restaurantes hasta con servicio a domicilio y todo, mucho más económico que además permite apoyar a los campesinos y a esas gentes que laboran de sol a sol.
Y por si fuera poco hay servicio de transporte y hasta motorratones que le llevan desde Cali todo lo que se le antoje.
La opción pues de vivir en el campo, es una alternativa cada vez más tenida en cuenta. Se los digo yo que ya ando en esas.

Directora de El País, estudió comunicación social y periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Está vinculada al diario EL País desde 1992 primero como periodista política, luego como editora internacional y durante cerca de 20 años como editora de Opinión. Desde agosto de 2023 es la directora de El País.
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