San Antonio de cabeza

San Antonio de cabeza

Marzo 18, 2019 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Sucedió lo mismo que con Granada: pudo más el libertinaje y la falta de autoridad que la decisión de preservar el patrimonio histórico y el respeto por una tradición enclavada en los tuétanos de nuestra ciudad.
Y para no ir más lejos, ahí está el otro barrio usurpado por el desenfreno comercial, el también tradicional El Peñón, que además exhibe el trofeo de una obra que se quedó en veremos y que es una vergüenza nacional alrededor de la cual se ha creado un corredor gastronómico que indigesta con tal monumento en un estado tan deplorable que habla por sí solo de nuestra falsa caleñidad.

Son muchos los almacenes, restaurantes y hospedajes que dan lustre al barrio. Sin embargo, San Antonio se llenó con toda suerte de comercio, comederos y una que otra covacha montados sin una planeación previa que determine y autorice su funcionamiento. Así las cosas, en San Antonio no hay por dónde circular, ni siquiera a pie porque los andenes además de destrozados están invadidos por vehículos que hacen imposible la circulación por sus otrora callejuelas apacibles y pintorescas.

A lo anterior hay que sumarle la inseguridad que se padece y que ha permitido el atraco y el raponeo y ha cobrado ya varias víctimas mortales.

A su turno el entorno de la Iglesia se ha convertido en una feria de cachivaches y la proliferación indiscriminada de ventas ambulantes son otra muestra del desorden y la anarquía que exhibimos al turismo que nos visita.

No dejemos de mencionar la proliferación de hostales, muchos de ellos muy bien montados que tienen una clientela especial, pese a que también hay unos dormideros o pasa-noches que albergan gente de la peor calaña, para no entrar en más detalles.

Pues bien, la famosa canción de una feria del siglo pasado ‘Palo, palo, palo, palo bonito, palo e’ dice en una de sus estrofas: “Tengo a San Antonio puesto de cabeza, no me busca novio, ya no me interesa”, porque según reza la tradición, este santo hacía el milagro de conseguirle pareja a quienes a él se encomendaban. Yo no sé si de tanto invocarlo es que el santo se ‘desconchinfló’, pero el hecho es que su barrio tutelar está puesto de cabeza y es hoy un total y completo despelote.

Soluciones puede haber muchas, entre ellas revisar las licencias otorgadas, dicen que algunas sospechosamente, aumentar las prohibiciones de estacionamiento, restringir al máximo las autorizaciones para instalar nuevos sitios que no cumplan con unos estrictos requisitos y mejorar la vigilancia sobretodo en la colina de San Antonio, usurpada y profanada por toda suerte de excesos sexuales y venta y consumo de alucinógenos, de esos que dicen que hacen ver a Dios.

Adicionalmente y para darle un toque final a esta problemática, propongo la peatonalización del barrio -salvo algunas excepciones- y ojalá con la adoquinización respectiva. Claro, habrá contradictores como en todo, pero eso sería cambiarle la cara y darle una nueva imagen a un sector que de seguir así, será un ‘lunar’ más de una ciudad irrespetuosa de su pasado.

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