Noches de Guadalupe 75298
Esperanza Mejía lleva más de 40 años de anfitriona musical en su...
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17 de mar de 2020, 11:23 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2023, 08:41 a. m.
Esperanza Mejía lleva más de 40 años de anfitriona musical en su casa de la Avenida Guadalupe. De manera sencilla y sin mayores protocolos recibe semanalmente a docenas de amantes de la música y a un puñado de artistas con los que se realizan unas cantatas francamente originales e inolvidables.Cada asistente lleva el licor de su preferencia que va a ingestar amén del aguardiente que pone la dueña de casa, y ello sucede todos los sábados de ocho de la noche a una y media de la madrugada en que suena se va, se va la lancha y todos los concurrentes se despiden y se van.Es curiosa la existencia de un lugar así, en el que jamás se ha presentado incidente alguno y en el que se ha ido formando una especie de cofradía musical entre los artistas veteranos o principiantes y un público respetuoso que los escucha, estimula y aplaude.Esperanza, además de su casa, en la que hay un espacio especial para estos condumios, tiene a disposición de los intérpretes y cantantes, piano, órgano, guitarras, maracas y tumbadoras que son utilizados incluso por espontáneos que deciden lanzarse al ruedo a la espera de cosechar una que otra ovación.Por las noches de Guadalupe han pasado centenares de artistas, quienes, sin cobrar, se han dado a conocer o han regalado sus canciones de manera por demás generosa, prueba del ambiente de fraternidad y de la hospitalidad que distingue a los caleños.Sitios como éste forman parte de esa otra Cali, la de siempre, en la que al calor de la música se tejen amistades y se labran afectos. Eso lo ha logrado con creces Esperanza Mejía, la misma de la Lavandería Escorial, y es que sitios para escuchar música sin estridencias van quedando pocos en esta ciudad de la salsa, el demonio y la carne. Las guitarreadas, a no ser en reuniones privadas, cada vez son más escasas. Salvo los almuerzos de amigos de Palizadas o las presentaciones donde Fernando José Abadía, no hay donde escuchar en vivo baladas y boleros, tangos y bambucos.Falta que hace el Zaguán, los Aquí es Miguel y otros establecimientos en donde era posible escuchar desde Calandria hasta el Trío Montecarlo.Por ello sigue siendo la casa de Esperanza Mejía el ícono de este tipo de audiciones a las que poder asistir es un verdadero privilegio, cumpliendo varias reglas que han hecho posible su permanencia, entre otras: no fumar, no bailar, no vender ni comprar nada, no hablar mientras los artistas están en lo suyo, no utilizar micrófonos, no llegar de paracaidistas (se requiere ser presentado por algún asistente consuetudinario o ser amigo de Esperanza).Las anteriores reglas de oro han permitido, repito, las más de mil y una noches de Guadalupe en un ejercicio inimitable y por demás grato.Bien vale la pena que este esfuerzo de Esperanza Mejía con su callada y tesonera labor de rescatar y de impulsar los talentos vernáculos tuviese algún tipo de reconocimiento, ojalá del Ministerio de Cultura, porque es importante que se exalten estos singulares encuentros musicales, creo que casi únicos en Colombia.PD: de una acogió la Secretaría de Gobierno Municipal la propuesta del pajarraco en torno al despelote de la Calle 12 por el Teatro Isaacs. Se ha conformado una mesa de trabajo en el que estarán los actores del conflicto: Dagma, Policía, Monumentos, Lotería del valle, comerciantes y se espera una solución a esta vergüenza a pocos pasos de la Plaza de Cayzedo.

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
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