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Educación para la competitividad

Septiembre 17, 2020 - 11:50 p. m. Por: María Isabel Ulloa

De manera general todos estamos de acuerdo: la educación es fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad. Pero en mi opinión es importante tener claro que su importancia no sólo reside en que es un derecho fundamental de los niños, también es un pilar para la competitividad y un imperativo para el desarrollo.

El proceso de educación arranca desde el vientre y los primeros años de vida resultan determinantes. En comparación con otras intervenciones, las que se hacen en la primera infancia ofrecen los mayores retornos sociales en capital humano. Ese comienzo, sumado a una buena calidad en la básica y media, entrega a la sociedad jóvenes con mejores aprendizajes, más preparados para las exigencias del mundo de hoy. Para transformar nuestro país e incrementar niveles de productividad y competitividad es indispensable mejorar la calidad de la educación.

Sin ser experta en temas de educación, estoy convencida que hay educación de calidad cuando los niños, sin importar su condición económica, adquieren buenas competencias para resolver problemas.
Lamentablemente, la realidad nos indica que cientos de jóvenes pasan por el sistema educativo y salen de él sin siquiera saber leer y escribir.
Así lo demuestra el Observatorio de Realidades Educativas (ORE) de la Universidad Icesi, que pronto será lanzado públicamente, donde más del 70% de los estudiantes que presentaron las Pruebas Saber 11 en 2019 en los municipios certificados del Valle del Cauca, tienen dificultades entre una y cuatro de las competencias evaluadas.

Lo anterior deja ver que como sociedad les estamos quedando mal a los jóvenes y lo más grave es que estos resultados no son exclusivos de los colegios públicos. Sucede igual o peor en las instituciones privadas.

No podemos desconocer que muchos de nuestros niños se están educando en entornos difíciles por lo que la educación no se puede enfocar solo en enseñar a leer, sumar y restar. A ello hay que agregar las habilidades socioemocionales que permitan mejor convivencia y respeto por los otros y el entorno. Esto es importante porque las condiciones socioeconómicas de cada hogar y de su entorno, afectan el aprendizaje y desarrollo.

Esto se hace evidente si analizamos dos de los problemas de la educación que más se acentúan hoy por cuenta de la pandemia: la permanencia y la deserción escolar. Los niños no están completando los ciclos educativos y están desertando del sistema. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos nacional y locales por implementar estrategias como el Plan de Alimentación Escolar, la gratuidad y transporte escolar, en ciudades como Cali la tasa de deserción aumentó de 2,70% en 2018 a 3,72% en 2019, según análisis de la Mesa Intersectorial de Educación de Cali.

Educación para todos y de calidad. Esto es lo que nos permitirá tener una sociedad más incluyente. Una educación básica y media de calidad significa que más niños tendrán la posibilidad de acceder a una formación superior y a su vez les permitirá acceder a mejores oportunidades laborales en el futuro. Educación superior (técnica, tecnológica o universitaria) que debe ser de calidad y pertinente. Es decir, que los jóvenes estudien carreras que respondan a las necesidades de la región, esto nos asegurará que quienes logren una educación superior no terminen en empleos mal pagos, haciendo labores para las que no se prepararon y endeudados por los costos de la educación superior.

Es por esto que la educación no puede ser más parte del paisaje. No más discursos sentidos y pocas acciones. Los asuntos de la educación de nuestros niños y jóvenes deben tener un puesto muy importante en todas las discusiones y todos debemos desde nuestra esquina exigir una educación de calidad. Si la infraestructura genera competitividad, la educación definitivamente también.

*Directora Ejecutiva de ProPacífico

Sigue en Twitter @MariaIUlloa

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