Los límites de la burla

Los límites de la burla

Enero 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

En París se vendieron las 3 millones de copias que publicó Charlie Hebdo después del ataque a su redacción con la caricatura de un Mahoma sonriente diciendo “todos están perdonados”. Los sobrevivientes del semanario francés respondieron con otro golpe de ironía y sátira, de humor negro como se diría en Colombia, porque son unos convencidos, igual que Flemming Rose, el periodista noruego que publicó en el 2006 las primeras caricaturistas contra Mahoma, que “la sátira no mata; ridiculiza. Nos mueve a la risa, no al miedo ni tampoco al odio. La sátira es pacífica, aunque pueda incomodar. No mata; ridiculiza y expone públicamente”.Charlie Hebdo fue tal vez el único medio de comunicación europeo que, a pesar de las amenazas y de un atentado hace siete años, insistió en defender el derecho a continuar burlándose de todas las religiones, no solo de Mahoma sino del Papa, de los rabinos, de los predicadores. Son unos anarquistas, irreverentes e iconoclastas que consideran que no hay nada sagrado, ni nadie es intocable y cualquier individuo por más poder que ostente es sujeto de burla y de sátira. Entienden la sátira como la respuesta de una sociedad sana ante la barbarie y a cualquier forma de fundamentalismo o autoritarismo. “¿Qué civilización seríamos si no nos pudiésemos burlar, mofar y reír de los que vuelan trenes y aviones y asesinan en masa a inocentes?”, se preguntaba indignado Philippe Val, el director de Charlie Hebdo cuando el semanario francés reprodujo las caricaturas noruegas de Mahoma, con lo cual los fundamentalistas islámicos le declararon la guerra que concluyó con los trágicos hechos del pasado 7 de enero.Sin embargo esta posición libertaria y anarquista ha generado cuestionamientos incluso del papa Francisco que consideran que la libertad, y el derecho a meterse con el otro, con su cultura, con su visión tiene límites. “En aras a la libertad de prensa no se puede ofender la fe de los demás. No se puede burlarse de las creencias de los demás”, afirmó en su viaje a Filipinas. Otros piensan que “los periodistas de Charlie Hebdo se la buscaron”, e incluso periódicos tan liberales como el New York Times han editorializado: “Sus caricaturas desataron la violencia en el mundo musulmán”.El asunto es pues polémico y no hay una última palabra. El debate está abierto sobre todo en una sociedad como la actual en la que crece la diversidad, donde la libertad individual se impone casi como dogma inalterable. La pregunta entonces es: ¿Cómo convivir en una sociedad cada vez más multicultural y al mismo tiempo mantener nuestras libertades? ¿Qué civilización se construiría si se renuncia al derecho a publicar opiniones, información, dibujos y caricaturas que a algunos pueden resultarles ofensivos?Pero a la final la libertad de expresión debe prevalecer como un derecho universal, para que el espíritu crítico pueda darse en cualquier escenario y expresarse con respeto pero sin barreras. Un espíritu que ha llevado en todas las manifestaciones de París a que los sobrevivientes de Charlie Hebdo, periodistas e intelectuales, insistan en hacer un llamado a la resistencia contra toda forma de totalitarismo en defensa de la libertad, la igualdad de oportunidades y los valores seculares para vivir en un siglo donde se brille la luz sobre la oscuridad.

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