La mancha de la paz Santista

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La mancha de la paz Santista

Febrero 25, 2021 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

El presidente Juan Manuel Santos se propuso que su gobierno y él como persona pasaran a la historia y fueran recordados por haber logrado un Acuerdo de Paz con la guerrilla de las Farc. Una vez firmado, lo que seguía -el postconflicto y su implementación, ya no sería asunto suyo, cuando en ello estaban las claves para que lo acordado se transformara en la paz de verdad.

El tiempo ha ido mostrando con claridad que se trató de un acuerdo, largo y farragoso, sin bases sólidas, en muchos puntos a espaldas de la realidad de nuestro conflicto armado tan marcado por el narcotráfico, que terminó firmándose afanosamente dejando muchos cabos sueltos. Hoy los hechos son tan evidentes que no ameritan gastarles mucha tinta.

Con la atención de Santos puesta en el muy loable propósito de lograr un acuerdo que derivara en la dejación de armas por parte de la guerrilla, todo lo demás, que no era secundario, pareció secundario. Componentes cruciales en una democracia y que son un clamor ciudadano como la corrupción en el ejercicio del poder siguió rampante gobernando bajo la lógica del tome y dame.

Se sacrificó la política por la vulgar politiquería con miras a conformar una mayoría en el Congreso para poder avanzar y llegar a feliz puerto con el proceso de paz. Con cinismo pragmático hizo carrera en el día a día de los ocho años del gobierno Santos el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que a la final fue mucho lo que sucedió y que ahora empieza a destaparse.

Y en ese baile del tome y dame con rodos de dinero presupuestal, aparece la chequera criminal de la constructora brasileña Odebrecht, que dejó su huella in pectore en el gobierno Santos. Después de un año de investigaciones del grupo de 15 fiscales en cabeza de Gabriel Jaimes va quedando en claro cómo la urgencia reeleccionista de Santos para redondear la faena y en trance de Premio Nobel, enfrentada al ritmo lento de una guerrilla con cincuenta años de monte, lo llevó a jugársela por la fórmula del todo vale, que está en el corazón de la corrupción.

El testimonio bajo juramento del excongresista ‘Ñoño’ Elías en la audiencia contra el exdirector de la ANI Luis Fernando Andrade, espeluzna. Copartidario de Santos en la U y ficha incondicional suya para mantener engrasada la coalición de gobierno, reveló la manera como la constructora Odebrecht apuntaló la financiación de su reelección. Los $700 millones entregados por Odebrecht en cabeza de Eleuberto Martorelli, a Roberto Prieto -gerente de las dos campañas presidenciales y de las entrañas de Santos- a través suyo en su casa de Montería, y la cuenta de cobro que se derivó y que puso en movimiento al alto gobierno, con tres ministros Cecilia Álvarez, Gina Parody y Mauricio Cárdenas y unos cuantos altos funcionarios, para asegurar las pretensiones brasileñas en el contrato de estabilidad jurídica de la Ruta del Sol y el de la navegabilidad del río Magdalena. El relato revela el alcance de los tentáculos de Odebrecht en el gobierno Santos.

Mucho tendrán que explicar en un juicio que apenas comienza, pero esta vez la lavada de manos no parece fácil, y mejor sería reconocerlo con franqueza: todo fue por la paz, y aceptar las consecuencias judiciales que acarrea la tolerancia con la corrupción.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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