Terror en la mezquita

Terror en la mezquita

Marzo 19, 2019 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Fue quizás el ‘influencer’ americano, para ponerlo en términos de hoy, Madison Grant, hacia los años 20 del siglo pasado, uno de los primeros que alertó sobre el ‘peligro’ que enfrentaba la raza blanca en Estados Unidos, en momentos que los emigrantes eran igualmente blancos pero no arios, sino italianos, griegos, judíos, polacos y rusos. Su ‘magna’ obra: ‘El final de una gran raza’, fustigaba a la democracia por abrir espacios en lo público a “aquellos no calificados por motivos de nacimiento, educación, integridad y raza”. Grant que era zootecnólogo y antropólogo, equiparaba a los originarios del sur de Europa con los negros africanos, inferiores racialmente a los nórdicos y arios y fue el pionero de la ‘ciencia’ racial. Adolfo Hitler consideraba esa obra ‘su biblia’ y así se lo hizo saber en su correspondencia con Grant.

La evolución de las tesis de la supremacía de la raza blanca sumada a las teorías conspiratorias que apuntan al final de la misma, su mezcla con otras o el genocidio blanco constituyen el caldo de cultivo que ha llevado a los peores crímenes raciales de la historia, entre los cuales el Holocausto ocupa el lugar preponderante. Los judíos que no son una raza, fueron catalogados de esa manera por los nazis para exterminarlos y así ‘salvar’ la raza aria.

Varios y variados son los individuos y agrupaciones que promueven el racismo blanco y que encuentran en ‘el otro’, el responsable de sus penurias, tribulaciones y alienación social. Con el surgimiento de internet y las redes sociales se han creado ‘comunidades’ de apoyo mutuo, islas u oasis donde se fermentan posturas extremistas y donde para sobresalir en ese submundo puede ser necesario actuar más allá de la retórica. Casos recientes como la masacre de Utoya en Noruega con un saldo de 77 adolescentes muertos, la sinagoga ‘árbol de vida’ en Pittsburg con 11 judíos muertos y la dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, medio centenar de inmolados, tienen las mismas características en su motivación, si bien las víctimas corresponden a tres grupos diferentes. Los asaltantes, blancos, de clase media, indoctrinados aparentemente en las redes, dejaron un ‘manifiesto ideológico racial’ justificando sus crímenes.

Las tres masacres sucedieron en países ‘avanzados’, prósperos, de altos ingresos y alto nivel de vida, en los cuales sectores de la clase media sienten que están perdiendo su zona de confort, que los emigrantes y quienes profesan religiones diferentes no tienen derecho a estar ahí, menos aún a quitarles su empleos, sus espacios, ser mejores que ellos en colegios y universidades, deambular por las calles de ‘sus ciudades’.
El panorama se ensombrece aún más cuando esas posturas contra todo lo diferente entran al ‘mainstream, son promovidas por políticos en parlamentos, plazas públicas o palacios de gobierno, como está ocurriendo con el crecimiento de la extrema derecha, xenófoba y racista en diversos países a lo largo y ancho del planeta. De la misma forma que el terrorismo islámico es visto con cierto ‘fresco’ por partidos de extrema izquierda para quienes ‘dependiendo de la víctima’ ese terrorismo puede ser bueno o malo.

Nueva Zelanda, país del que solo conocíamos sus bellezas naturales y su equipo de rugby, se suma a la lista universal de la infamia por el hecho de un maniático, cultivado en los más profundo de la red que quiso ser ‘héroe para los suyos’, transmitiendo en vivo y en directo la matanza de feligreses musulmanes en su lugar de oración. Acabar con los otros para el beneficio de su raza.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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