Sin novedad en el frente

Sin novedad en el frente

Septiembre 03, 2019 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Lo que está ocurriendo con el proceso de paz en Colombia era previsible, antes de ‘Márquez’, antes del video de ‘Santrich’, antes de las disidencias, antes de la firma en el teatro Colón, antes del triunfo del No. Los acuerdos de paz en conflictos internos enfrentan enormes desafíos en su fase de implementación máxime cuando se trata de Estados frágiles y la gran mayoría terminan colapsando en los primeros años tal como lo revela el ‘Centro de monitoreo y datos de conflictos’ de la Universidad de Upsala en Suecia que hace seguimiento a procesos de paz alrededor del planeta. A pesar del aura universal que se desprende del término ‘paz’, pocos eventos dividen más a los pueblos que un acuerdo de paz para dar fin a un conflicto interno, división que puede tardar décadas en superarse.

Son múltiples las causas que conllevan al fracaso de acuerdos de paz. Estados frágiles incapaces de copar espacios y establecer una gobernanza mínima, sectores que se sienten vulnerados por los acuerdos y buscan descarrilarlos, firmantes no suficientemente representativos de las partes en conflicto, justicia transicional incompleta, expectativas de mejoría social y económica incumplidas, ayuda internacional que no se materializa o fallas en el mismo proceso que carga consigo los factores de su propia destrucción. Alcanzar la paz por vía negociada usualmente requiere nuevas negociaciones tras recaídas, una especie de ensayo y error.

En el caso de las víctimas de la violencia los antecedentes no podrían ser peores. En ninguno de los conflictos internos concluidos con acuerdos de paz desde el final de la Guerra Fría, las víctimas recibieron algo más allá de ‘palmaditas en la espalda’. Las expectativas de reparación poco se cumplieron. Caso similar en el espinoso tema de la verdad en el que, aunque ha habido casos exitosos como Suráfrica y Ruanda, en la mayoría la sociedad se queda sin la verdad y con la memoria colectiva fragmentada. Entre más intrincados y complejos los mecanismos acordados para la Justicia transicional y la verdad, menor la posibilidad de lograr algo. En una negociación para finalizar un prolongado conflicto armado pronto se hace evidente la contradicción entre justicia y paz y lograr un equilibrio equivale a buscar la cuadratura de círculo.

Siempre queda el camino de la victoria total de uno de los contendientes, en ocasiones como continuación de un proceso de paz fracasado, en otras sin que siquiera se acometa un proceso de negociación. La aplastante victoria militar del gobierno de Sri Lanka sobre los Tigres Tamiles, insurgencia que perduró por 33 años, se dio tras fallidas negociaciones de paz mediadas por Noruega.

Los ejemplos de los procesos de paz ‘exitosos’ en América Latina, El Salvador y Guatemala presentan matices que los ensombrecen. El primero tuvo su gran logro en el componente político al facilitar la conversión a partido político de la guerrilla del Fmln el cual en dos ocasiones llegó a la presidencia del país por la vía electoral. Sin embargo, la fragilidad del Estado y los errores cometidos en los acuerdos con el desmantelamiento de fracciones de las fuerzas de seguridad abrieron el camino a la Maras que han sumido al país en una violencia criminal sin final a la vista. En Guatemala, el Estado cumplió muy poco con los acuerdos firmados con la Unrg, sin embargo, el conflicto terminó, las víctimas pasaron desapercibidas y la verdad nunca se supo.

Por lo tanto, en lo concerniente al proceso de paz en Colombia y sus turbulencias, no es más que ‘gajes del oficio’.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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