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Por allá lejos

Octubre 27, 2020 - 11:55 p. m. Por: Marcos Peckel

Nagorno Karabaj parece una marca de algo, pero mirando más de cerca con las gafas de Google, corresponde a un enclave armenio en territorio de Azerbaiyán. ¿Un qué, dónde, cómo?

Estamos hablando del Cáucaso, una de las regiones históricamente más turbulentas, que ha sido escenario de conflictos religiosos, étnicos, y geopolíticos por siglos. Territorios que han cambiado de manos, imperios que los han dividido, dioses que han luchado por supremacía.

En Bakú, la capital de Azerbaiyán, a orillas del mar Caspio, nació la industria petrolera mundial por allá a mediados del Siglo XIX cuando dos familias extranjeras, Rothschild y Nobel (el mismo de los premios), entre otros, comenzaron a explotar ese líquido negro que servía para dar luz. A mediados del Siglo XIX el 90% del petróleo emanaba de Bakú. La población azerí, étnicamente turca, es en su gran mayoría musulmán shiita. El territorio del país fue absorbido por los soviéticos tras la Primera Guerra Mundial.

Armenia, fue el primer reino del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial, en 301, años antes de la Roma de Constantino y tiene su propia iglesia perteneciente a la familia ortodoxa.

El conflicto actual tiene 100 años desde que se conformaron los Estados y más exactamente, las repúblicas soviéticas en fronteras administrativas establecidas por el Kremlin que en ocasiones poco tenían que ver con quienes las habitaban. Tras haber perdido buena parte del territorio de Armenia a manos de los turcos, genocidio incluido, los armenios no podían darse el lujo de perder Nagorno Karabaj -NK- también a manos de musulmanes y convencieron al comisario del partido comunista para el Cáucaso, Joseph Stalin, de dejar NK en manos de los armenios. El problema es que NK está en medio de territorio azerí por lo que Stalin creó el enclave bajo la figura de una autonomía.

Durante las siete décadas de dominación soviética, la convivencia entre azerís y armenios en la región de NK se mantuvo mal que bien, bajo la tenaza comunista del Kremlin. Sin embargo, con el fin de la Unión Soviética, el conflicto se reavivó bajo una dinámica de suma cero, de negación del derecho del otro, de victorias definitivas, limpiezas étnicas, a la sombra de narrativas nacionalistas excluyentes. El derecho internacional establece que cuando un Estado implosiona en varios, las fronteras administrativas anteriores son las fronteras definitivas a menos que se negocie lo contrario. En otras palabras, NK quedó como territorio azerí reconocido así por la comunidad internacional.

Entonces vino la guerra, un conflicto brutal, fratricida que en cuatro años dejó más de 30 mil muertos, centenares de miles de desplazados, especialmente azerís que fueron expulsados de sus aldeas milenarias por armenios que en últimas fueron los vencedores de la guerra. Armenia ocupó territorios de Azerbaiyán más allá de NK y la diplomacia nunca tuvo chance, por lo que Bakú decidió en el actual entorno internacional caótico y sin liderazgo, recuperar su territorio e ir más allá si la guerra se prolonga, es decir ocupar la totalidad de NK lo que produciría una colosal crisis humanitaria.

Para Rusia la guerra es una catástrofe, es como la pelea entre dos hijos y tener que negociar con Turquía un acuerdo diplomático para ponerle fin a las hostilidades, es un trago amargo para Putin enfrentado a Erdogan en Siria y Libia. Estados Unidos por fin apareció y Pompeo anunció un cese definitivo de hostilidades que duró 24 horas.

Estamos ante otro de esos conflictos inmanejables en momentos que los organismos multilaterales enfrentan su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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