Egipto en la encrucijada

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Egipto en la encrucijada

Julio 03, 2013 - 12:00 a. m. Por: Marcos Peckel

Hace apenas un año era elegido Mohamed Morsi como presidente de Egipto tras las turbulentas manifestaciones que dieron al traste con el gobierno de 30 años de Hosni Mubarak y que condujeron a los primeros comicios libres en ese país que desde su independencia no había conocido sino regímenes autoritarios. Y ahora es el mismo Morsi, quien enfrenta similares manifestaciones contra su gobierno. Millones de egipcios han salido a la calle en los últimos días a exigir la renuncia del presidente e incluso a pedir el regreso de los militares al poder. Más de 20 millones han firmado una petición del grupo opositor espontáneo Tamarod - rebelión - exigiendo cambios sustanciales en el gobierno y su programa.Varias lecciones deja el proceso post revolucionario que ya completa más de dos años.Ante todo Egipto es una demostración palpable de la dificultad del proceso de construcción de estado, máxime cuando convergen fuerzas políticas y sociales con ideas opuestas sobre lo que debe ser la sociedad y sus instituciones, no se tiene una cultura de tolerancia sino de marginación, cuando ceder es sinónimo de capitulación y cuando el proyecto de nación no es producto de una creación colectiva. Como consecuencia de la caída de Mubarak en febrero de 2011 resultado de las masivas manifestaciones en su contra la calle se envalentonó y adquirió conciencia de su fuerza, la misma que ahora va por Morsi. Mohamed Morsi, representante de la Hermandad Musulmana ganó con un estrecho margen las elecciones en 2012, pero llegó al poder con una actitud triunfalista a cometer los mismos errores que su antecesor, los que ahora la calle le está cobrando. Mientras la economía colapsaba, el desempleo y la desesperanza seguían creciendo y los problemas sociales no tenían la atención de su gobierno, Morsi promulgó una nueva constitución, ‘a las carreras’, aprovechando el control que su partido y los islamistas tenían sobre la asamblea constituyente. Esta constitución fue refrendada a través de un plebiscito donde sólo votó un tercio del electorado y que tuvo lugar apenas cuatro semanas después de haber sido hecho público el texto de la misma. No hubo espacio para debate ni para modificaciones al texto constitucional. Esta constitución implementaba la agenda islamista de los hermanos musulmanes, ignorando las reivindicaciones de una gran parte de la sociedad egipcia que clamaba por una constitución incluyente, tolerante y secular. Sectores sociales como los cristianos coptos, las mujeres, los liberales, se sintieron excluidos de la sociedad y el estado.En diciembre de 2012 a través de un decreto Morsi se abogó amplios poderes y aunque tuvo que recular por orden de un tribunal, su talante autoritario quedó en evidencia y desde entonces su gobernabilidad se ha reducido sustancialmente. En este escenario con millones en la calle el ejército juega una vez más sus cartas como ‘aliado del pueblo’ imponiéndole a Morsi un ultimátum de 48 horas para “dialogar con la oposición y lograr resultados concretos”. De lo contario manifestó el Comando supremo de las fuerzas armadas –Scaf- que serían ellos los que impondrían una “hoja de ruta para salvar al país”. Cinco ministros han renunciado y al presidente le quedan pocas opciones. Llamar a elecciones anticipadas o continuar la pelea contra medio país que no lo quiere y con las fuerzas armadas respirándole en la nuca. Egipto completa dos años de inestabilidad institucional y de crisis económica, política y social. Una primavera convertida en un crudo y largo invierno.

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