Chontadurera

Escuchar este artículo

Chontadurera

Septiembre 15, 2019 - 11:45 p.m. Por: Mabel Lara

Hace unas semanas en medio de la noticia del cierre del informativo Noticias Uno, las redes sociales, que nunca perdonan y se convierten en el hervidero de los hechos de coyuntura, pusieron al descubierto un trino de un colombiano que en palabras puntuales me mandaba a buscar trabajo a Cali “a vender chontaduro” ante el inminente cierre de uno de los medios de comunicación para los que trabajo.

Lejos de darle trascendencia al episodio, entendiendo que las redes son el sanitario donde depositamos nuestras carencias y que nuestras palabras expresadas son reflejo de nuestras decepciones, así le agradecí al hombre que se hace llamar Gregorio por desearme tan buena fortuna.
“Qué trabajo digno sería para mí. Una vida simple, sencilla. Saludos Gregorio y le deseo un buen día”. Fue mi respuesta, la cual generó una ola de ataques pero sobre todo de solidaridad que marcó como tendencia nacional el numeral #orgullochontaduro.

En honor a la verdad no es que me estuvieran explícitamente defendiendo. Nadie en este país puede desconocer y ofender el trabajo de muchas de nuestras mujeres y hombres quienes desempeñan las labores más humildes para sacar adelante a sus familias y ese fue el premio de la polémica: reconocer la labor de esos colombianos que trabajan dignamente.

Pero además para quienes hemos nacido en este lado del ‘charco’ decirnos chontadureros no es ofensa. Hemos crecido con la narrativa de señoras y señores que acompañados de sus platones en las esquinas de cualquier barrio nos han hecho disfrutar de este fruto divino.

La Universidad del Valle en varias de sus investigaciones nos hace entender que el Bactris gasipaes, como se le conoce científicamente, es un fruto carnoso definido como el huevo vegetal por el sinnúmero de propiedades nutricionales.

Y es tan bueno el chontaduro y tan nuestro que los cocineros de la región lo incluyen en sus platos de primer nivel. A Carlos Yanguas, Catalina Vélez, Maura Castillo, nuestra Vicky Acosta y su platillos voladores; y hasta Leonor Espinosa considerada con su LeoCocinayCava como uno de los mejores 50 restaurantes del mundo, no les tiembla la voz para admitir que ese fruto sagrado es la base de muchos de sus platos preferidos y premiados por los paladares de sus visitantes.

Y no sé si recuerdan a nuestro símbolo regional: la negra del chontaduro cuya idea de obra surgió en 1922 por un grupo de directivos y socios del club San Fernando que deseaban regalarle un monumento a Cali para celebrar sus 50 años de existencia y gracias al apoyo de la ciudad, sin importar que fuera una iniciativa de un club privado, lograron traerla a la vida y luego de una cantidad de embrollos locales ponerla finalmente en la entrada del hotel DAN en el Oeste, robusta, vistosa, monumental.

Enaltecer nuestro orgullo chontaduro es un ejercicio del que podemos estar en deuda y desde ya comparto el llamado de la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali por organizar a las mujeres chontadureras y labrar el camino para considerarlas como Patrimonio inmaterial de Colombia. Así como las palenqueras en Cartagena, así mismito lo merecen las nuestras y estamos en mora de arroparlas y darles el lugar que tienen en nuestra historia.

Sigue en Twitter @MabelLaraNews

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS