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El mundo al revés

Octubre 11, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Las Farc rogando para que les crean que fueron los autores del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Ernesto Samper Pizano que gobernaba al país en ese entonces declarándose víctima del asesinato de su opositor, la fuerza moral que desnudaba a diario la corrupción de su régimen. Y Piedad Córdoba conocida en los computadores de alias Raúl Reyes como ‘Teodora Bolívar’, sirviendo de nexo entre ese expresidente elegido por el narcotráfico y el grupo criminal más tenebroso de nuestra historia.

Pero hay mucho más. El que se autoincrimina por el asesinato al dar la orden del asesinato, alias Carlos Antonio Lozada, da clases de ética y moral en el Congreso como senador de la República. Y nada le pasa. Y adelanta lo obvio el ‘ilustre senador’: todos los involucrados, desde ‘Tirofijo’ que odiaba a Álvaro Gómez porque habló de las repúblicas independientes hace cincuenta años y produjo la intervención del Estado en Marquetalia, hasta el que apretó el gatillo, están muertos.

Y hay más: carta de ‘Timochenko’ a Álvaro Leyva diciendo que su actitud conmovedora frente al asesinato de quien era su amigo lo llevó a él, jefe máximo de las Farc, a reconocer el asesinato, veinticinco años después. Y el país sigue estupefacto la operación para desviar la verdad, para crear lo que en la Venezuela de Hugo Chávez, de ‘Teodora’ y la inteligencia cubana, se conoce como una matriz de opinión, la manera de convertir en verdad una mentira.

¿Se imaginaba usted a las Farc, que combatía al Estado representado por Samper y aprovechaba la debilidad que le producía a ese gobierno la oposición constante y valerosa de Álvaro Gómez, asesinando al más importante crítico? ¿Por qué habrían de matarlo?

Pues esa organización tiene hoy diez congresistas que están haciendo un mandado: limpiar de culpas al régimen que combatían, adjudicándose el asesinato de Álvaro Gómez. Hoy, y por arte de las conveniencias, las Farc, Samper y su régimen, son aliados. ¿Por qué? “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Habrá que preguntarle a ‘Teodora’, especialista en urdir tramas como la explotación de los secuestrados por las Farc, y a los fiscales, jueces y procuradores que desviaron la investigación sobre quién mató a Álvaro.

Esos personajes inventaron mentiras que incluyen una conspiración del Ejército para un Golpe de Estado, la condena a dos inocentes y la destrucción o ignorancia de pruebas que conducían al nexo entre el narcotráfico y el régimen que luchó cuatro años por mantenerse en el poder como fuera. Allí está la verdad del crimen de Gómez Hurtado.

Lo han dicho los narcotraficantes. Lo reconocen sujetos tenebrosos que fueron extraditados y que esa Justicia se niega a entrevistar. Esa justicia patética que sólo atinó a declarar como delito de lesa humanidad el crimen para evitar su prescripción, y apenas hace unas semanas realizó la reconstrucción de los hechos, veinticinco años después.

Esa Justicia que manipuló la verdad y fue manipulada, ahora deberá demostrar que las Farc dicen mentira al reconocer su autoría en el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Pero eso no va a ocurrir porque el caso será asumido por la Justicia Especial de Paz.

Allí quedará sacralizada como verdad, y la impunidad cubrirá también al régimen de Ernesto Samper Pizano gracias a las Farc que lo absolvió, mientras la verdad verdadera seguirá siendo otra. Es la lápida que le faltaba a la credibilidad del proceso de Paz.

Es el mundo al revés.

Sigue en Twitter @LuguireG

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