Columnista
Los vices ni quitan ni ponen
Toda esta historia para decir que la llave Paloma Valencia- Juan Daniel Oviedo, un matrimonio de conveniencia con pocas cosas en común, aunque ambos de derecha.
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28 de mar de 2026, 01:47 a. m.
Actualizado el 28 de mar de 2026, 01:47 a. m.
Desde que se reestableció la Vicepresidencia de la República en la Constitución de 1991 esa figura ha sido entre incómoda e inane. Existió intermitentemente a lo largo de la vida republicana, pero en 1905 fue reemplazada por la Primera Designatura que duró hasta la expedición de la nueva Constitución. Podría argumentarse que en dos ocasiones en las cuales la presidencia se decidió por pocos votos, la figura del vicepresidente fue útil para el triunfo. En 1994, cuando se estrenó, Ernesto Samper fue elegido con la vicepresidencia de Humberto de la Calle, quien había sido precandidato y cuyos votos pudieron haber hecho la diferencia para el triunfo. Igual sucedió en 2022 cuando Gustavo Petro fue elegido con la vicepresidencia de Francia Márquez, cuyos votos casi igualaban la diferencia que le dio el triunfo a Petro. En ambos casos esas vicepresidencias tuvieron un final infortunado.
Gustavo Bell, vicepresidente de Andrés Pastrana, sin ambiciones de poder, asumió con discreción el papel real del vicepresidente que es reemplazar al presidente en su ausencia temporal o definitiva. Lo mismo sucedió con Carlos Lemos, segundo vicepresidente de Ernesto Samper quien ha sido el único vicepresidente en asumir la presidencia por un par de semanas, y con el sereno general Óscar Naranjo, tercer vicepresidente de Juan Manuel Santos. De resto han sido personajes controvertidos y en ocasiones rivales del presidente en ejercicio.
Humberto de la Calle renunció por las presiones del proceso 8000 sobre el gobierno de Samper. El presidente fue claro que ambos habían sido elegidos con los mismos votos y debían correr la misma suerte. O sea, no había posibilidades de que de la Calle fuera presidente, si el presidente renunciaba. Terminó renunciado de la Calle. Francisco Santos, vicepresidente de los dos períodos de Álvaro Uribe, fue una figura extrovertida, pintoresca, famoso por sus imprudencias y sus franquezas, que en política no son siempre bienvenidas, y produjeron la angustia de pensar lo grave que hubiera sido si a Álvaro Uribe le hubiera pasado algo.
Angelino Garzón, vicepresidente del primer período de Santos, escogido por Uribe para darle un toque popular a un candidato demasiado bogotano y elitista, fue una continua piedra en el zapato del presidente. Se convirtió en algo así como un dirigente de oposición, siempre en defensa de los débiles, hay que decirlo. Santos en su segundo período lo cambió por Vargas Lleras, bogotano y elitista, candidato presidencial, con quien se entendió mejor. Crearon una presidencia donde Santos actuaba como Jefe de Gobierno y Vargas como Primer Ministro. Vargas renunció para lanzarse a la presidencia, campaña donde le fue muy mal dada la impopularidad del gobierno.
Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta de Iván Duque, de partidos distintos, candidata presidencial de su partido, protagonizó una agenda mediática que le generó más de una incomodidad al presidente. Para no hablar de Francia Márquez a quien le sucedió algo parecido, hasta el punto de terminar marginada de las decisiones del poder. Toda esta historia para decir que la llave Paloma Valencia- Juan Daniel Oviedo, un matrimonio de conveniencia con pocas cosas en común, aunque ambos de derecha. Si gana, tiene todas las características de una unión que no va a salir muy bien, aunque en la realidad política el que manda es el presidente y los vices, controvertidos o no, ni quitan ni ponen.

Abogado especializado en Ciencias Socioeconómicas. Ha sido embajador de Colombia ante la Asamblea General de la ONU, Cónsul General de Colombia en el Reino Unido, Gerente Regional de la Caja Agraria y Secretario General de Anif y de la Universidad del Valle.
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