La lección de la empanada

La lección de la empanada

Febrero 21, 2019 - 11:35 p.m. Por: Lina Martinez

El episodio de la semana pasada de una multa por una empanada, además de ser vergonzoso muestra la profunda desconexión que existe entre las políticas públicas que formula el gobierno y el pueblo al que se las aplican.

Es difícil saber por dónde empezar a elaborar un argumento tan folclórico, pero tomemos una posición técnica y hablemos de cómo una empanada sirve de ejemplo para ilustrar un análisis básico de políticas públicas a través de tres conceptos seminales en la materia: fallas del mercado, capacidad de gestión del gobierno y confianza institucional.

Empecemos por las fallas del mercado. El nefasto artículo del Código de Policía que multa a los vendedores ambulantes es muestra del poco conocimiento de nuestros gobernantes del sector informal y de su capacidad de generar ingresos en una población que está excluida de todas las formas posibles de formalidad e institucionalidad, que van desde el acceso a sistemas financieros hasta la protección legítima por parte de la Policía. Los trabajadores informales son los que suplen las fallas del mercado formal de proveer servicios de transporte en ausencia de un sistema de transporte público eficiente, los que venden comida y artículos de bajo precio y en puntos asequibles, los que recogen la basura en ausencia de la capacidad del gobierno de ejecutar un programa de separación en la fuente y reciclaje. El sector informal, en otras palabras, es el que hace el trabajo que el gobierno a través de estructuras formales, no ha sido capaz de proveer.

La empanada también muestra la baja capacidad de gestión del gobierno. El individuo o el vendedor ambulante que es multado por la empanada, ¿dónde hace el pago?, ¿dónde hace una reclamación?, ¿cuánto tiempo le va a tomar cancelar su deuda social?, y si no lo hace, ¿cuáles son las consecuencias? Los gobiernos locales no han podido con la implementación de sistemas de recaudo de impuestos eficientes y ahora les ponen la tarea de recolectar y hacer cobros jurídicos por mora en multas absurdas.

La confianza institucional es posiblemente la más lesionada en todo este episodio. En Colombia muy pocos le creen a sus instituciones y un ciudadano de a pie no reconoce la diferencia entre un policía, un funcionario público y un político, todos caen en la misma bolsa. Que la Policía, que es contacto directo y cotidiano de los ciudadanos con el gobierno -y en consecuencia con los impuestos que pagamos- abuse de su poder y use su tiempo en multar catadores de comida criolla, es una ofensa. En este país hay problemas categóricamente más importantes que los que las administraciones se están ocupando en el día a día.

La formulación de las políticas públicas en este país es tan pobre y tan mal articulada que una mísera empanada deja en evidencia el débil andamiaje público. Una empanada desmonta tres principios básicos que son inherentes a la formulación de cualquier política pública. Apague y vámonos.

* Directora del Observatorio
de Políticas Públicas de la
Universidad Icesi.

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