Putin acorralado

Agosto 25, 2022 - 11:35 p. m. 2022-08-25 Por: Liliane de Levy

Daria Dugina, de 29 años de edad, es la hija del prominente ideólogo nacionalista Alexander Dugina, considerado la persona que goza de la mayor confianza del presidente Putin y principal defensor de la invasión rusa a Ucrania. Sus enemigos lo comparan con Rasputin y creen que él era el principal blanco del atentado. Su hija se desempeñaba como periodista y seguía con ardor su línea política ultra-nacionalista.

En su entierro sus copartidarios la llamaron “guerrera” y “mártir” y su padre dijo en su discurso que Dugina “vivió en nombre de la victoria y murió en nombre de la victoria. Nuestra victoria, nuestra verdad, nuestra ortodoxia, nuestro país ,nuestro poderío”, exhortando a la guerra contra Ucrania. Con Putin muy dispuesto para librarla; los dictadores no se rinden.

Entretanto, el conflicto armado ruso-ucraniano lleva seis largos meses sin posibilidad de ponerle fin. Se estima que los muertos superan los 100 mil de cada lado y las destrucciones se vuelven incalculables. Comenzó como una “operación” (así la llaman los rusos para trivializarla) expeditiva de unos tres días para desalojar al gobierno de Kiev y reemplazarlo por un gobierno sumiso a Moscú.

No fue tan sencillo. Los ucranianos, alertados por los servicios de inteligencia occidental (en especial la CIA) resistieron a los invasores rusos con armas esenciales y Kiev nunca cayó en sus manos. Luego Ucrania mejoró su arsenal y descubrió que los rusos no son tan poderosos como se pensaba. Lo cierto es que, hasta ahora, Putin no sale bien librado de la guerra. Y aunque se apoderó de algunos territorios después de seis meses de combates no cumplió con sus anunciados objetivos de la supuesta “desnazificación” y “desmilitarización” de Ucrania.

Tampoco consiguió obligar a los ucranianos a concesiones políticas y territoriales. Putin fracasó como militar y como estratega que se dejó enredar y sorprender en una operación que se le complicó terriblemente. Además, cometió crímenes de guerra bombardeando civiles sin discriminación y se hizo una pésima reputación al revelar al mundo la perversidad de su gobierno policivo. También, sacrificó su próspera relación económica con los países occidentales que le significaba enormes beneficios. Y muy grave y muy mal visto fue el éxodo de Rusia de más de tres millones de intelectuales y científicos del país que no quieren correr el riesgo de sucumbir a imposiciones chinas, en caso de una guerra generalizada.

En cambio, Ucrania y su presidente Volodimir Zelenski salen fortalecidos de seis meses de guerra. Pagan muy caro en vidas humanas y destrucciones el precio de la independencia y la democracia anheladas, pero tanto el pueblo como los gobernantes se muestran dispuestos a todos los sacrificios. Su valentía sorprende y contagia. Los ucranianos no se dejan doblegar por el invasor ruso, dueño de uno de los más poderosos ejércitos del mundo. Occidente aplaude y se reconforta. Otan reencuentra su razón de ser. Y la Unión Europea considera seriamente aceptar la candidatura de membrecía de Ucrania.

Interesante ver que mientras Rusia acusa a Kiev de asesinar a Daria Dugina (hasta ahora sin pruebas) muchos observadores no descartan la posibilidad de que la misma Rusia pudo haber cometido el atentado con el fin de incendiar el sentimiento ultranacionalista del país y permitirle a Putin continuar su guerra contra Ucrania y que ya no es muy popular.

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