‘Democraturas’

‘Democraturas’

Noviembre 01, 2018 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

El historiador israelí Yuval Noah Harari, abanderado de la globalización para enfrentar los grandes des afíos que amenazan a la humanidad (cambio climático, nucleares y tecnología disruptiva) lamenta que se haya apoderado del mundo una ola nacional-populista, muy nociva y peligrosa, pero según él, explicable. La motivan la cólera, la frustración, la pauperización de la clase media, la pérdida de identidad y el miedo a una mundialización que compite sin piedad y destruye a los más débiles. También el afán de cambio de quienes se sienten descuidados, irrespetados y engañados por sus gobernantes. Y nostálgicos de épocas pasadas, mitificadas por la distancia del tiempo, dispuestos a vivir bajo las tenazas de ‘democraturas’ o gobiernos iliberales, en aras de una posible salvación.

En este contexto se entiende quizás el porqué de la elección presidencial de Jair Bolsonaro en Brasil. Apodado ‘El Trump tropical’, se trata de un excapitán del ejército, de 63 años de edad, con una carrera política sin brillo ninguno y en la que se destacó solamente por sus declaraciones escandalosas de tipo homofóbico, misógino y racista y su brutal defensa de las dictaduras militares y las torturas en las prisiones que sufrió el país en el pasado. Declaraciones que siempre fueron mal recibidas por la opinión pero de repente se volvieron válidas ante la promesa de Bolsonaro de acabar con los lastres delictivos de gobiernos sucesivos de izquierda (en especial del Partido de los Trabajadores de Lula) que saquearon al país. Los electores de Bolsonaro también aplauden su voluntad de acudir a los militares para lograr sus propósitos. Resumiendo: el poder militar vuelve al Brasil y asusta.

Ejemplos de líderes que se valen de fórmulas nacional-populistas para atraer a sus desesperados votantes, abundan: en Filipinas, Italia, Pakistán, México, India, Turquía, Estados Unidos, Quebec y tantos otros. Veamos algunos.

En Estados Unidos Donald Trump llegó a la Casa Blanca gracias a la movilización masiva de una clase media blanca que se sentía descuidada y abusada por una casta política elitista que no los incluía en su agenda supuestamente ‘políticamente correcta’. Utilizando un discurso simplista y a ratos vulgar, Trump los sedujo con dos eslóganes esenciales: ‘America First’ y ‘Make America great again’. El ‘again’ del segundo eslogan refleja la nostalgia de un país que -en su imaginario- era mejor y más suyo.

En Turquía el megalómano presidente Recep Erdogan llegó al poder en el año 2003 y no da señales de querer retirarse. Rápidamente dejó de buscar su integración a la Unión Europea para perseguir la meta de transformar la república parlamentaria turca en un régimen autoritario e islamista bajo su total control. Una ‘democratura’ al estilo otomán que lo convierte en gran sultán.

En Rusia, Vladimir Putin maneja los hilos de un poder inmenso desde el año 1999 y se comporta como Zar. Su estrategia: propaganda y represión a cambio de protección y orden. En la India el primer ministro Narendra Modi asumió su cargo hace cuatro años con la demagógica meta de imponer lo ‘made in India’ como obligación patriótica. En Filipinas se deshicieron de la dictadura corrupta de Ferdinando Marcos para caer en las garras del violento Rodrigo Duterte, autoproclamado campeón de la lucha contra la corrupción y el narcotráfico para justificar sus desmanes. En Hungría, Viktor Orban gobierna con mano de hierro y no recibe inmigrantes. En Inglaterra el Brexit es otro intento (más civilizado) de repliegue nacional para recuperar la soberanía perdida. En Italia los extremistas de derecha e izquierda se unieron para cerrarles todo acceso a los refugiados... Aislamiento, desconfianza y nación dominan la tendencia política del momento. Los sueños globalistas del historiador Harari tendrán que esperar.

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