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La derecha sin carreta
La intención es sencilla: conversar sobre algunas ideas asociadas históricamente con distintas corrientes de la derecha y el conservatismo, pero hacerlo como hablamos en la casa.
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1 de oct de 2026, 12:36 a. m.
Actualizado el 1 de oct de 2026, 12:36 a. m.
En Colombia hablamos mucho de izquierda y derecha, pero pocas veces nos detenemos a explicar qué significan. Las palabras se volvieron etiquetas, insultos o camisetas de fútbol. Basta defender una idea para que inmediatamente quieran meterlo a uno en una caja. Y así terminamos discutiendo más sobre quién dijo algo que sobre lo que realmente está diciendo.
Por eso comencé una serie que llamé La derecha sin carreta. La intención es sencilla: conversar sobre algunas ideas asociadas históricamente con distintas corrientes de la derecha y el conservatismo, pero hacerlo como hablamos en la casa. Sin tratados, sin palabras rebuscadas y, sobre todo, sin asumir que todo el que se considera de derecha piensa exactamente igual.
El primer tema fue la seguridad. ¿Por qué? Porque antes de las grandes discusiones ideológicas está la vida cotidiana. Poder sacar el celular en la calle, abrir un negocio sin que lo extorsionen, trabajar en el campo sin miedo al secuestro y regresar tranquilo a casa mientras una madre deja de mirar el reloj esperando que llegue su hijo. Eso es seguridad. Y garantizarla es una de las responsabilidades fundamentales del Estado.
Pero la conversación apenas comienza.
¿Qué papel tienen la fe y los valores en una sociedad? ¿Por qué la familia sigue siendo una institución fundamental? ¿Qué significa realmente dignificar el trabajo? ¿Por qué importa que una persona pueda conservar aquello que consiguió con años de esfuerzo? ¿Quién crea empleo? ¿Hasta dónde debe llegar el Estado y desde dónde debe comenzar la responsabilidad de cada individuo?
También tendremos que hablar de plata. Porque la plata pública no cae del cielo, no crece en los árboles y tampoco aparece por arte de magia. Cada peso que gasta un gobierno salió, de una u otra manera, de los ciudadanos y de la actividad económica. Eso obliga a discutir impuestos, gasto, deuda y el tamaño del Estado sin convertir el debate en una colección de consignas.
Y tendremos que hablar de libertad. De esa palabra que todos utilizamos, pero que también exige responsabilidades, reglas e instituciones. De ayudar a quien realmente lo necesita sin dejarlo abandonado a su suerte, pero también de preguntarnos cómo construir oportunidades para que pueda levantarse. De mérito, esfuerzo, empresa, propiedad, comunidad y pertenencia.
Nada de esto significa que exista una receta única llamada ‘derecha’. No existe. Hay conservadores, liberales clásicos, libertarios, demócrata-cristianos y otras corrientes que coinciden en algunas cosas y discrepan profundamente en otras.
Precisamente por eso vale la pena conversar.
Durante demasiado tiempo dejamos que otros convirtieran las ideas políticas en caricaturas. Derecha no significa una cosa, como izquierda tampoco significa una sola. Entender esas diferencias ayuda a elevar una discusión pública que demasiadas veces se queda en el grito, el insulto y la etiqueta.
Aquí iremos una idea a la vez.
Sin pretender que todos estemos de acuerdo.
Pero por lo menos sabiendo de qué estamos hablando.
Eso es ‘La derecha sin carreta’.
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