El pais
SUSCRÍBETE
Marcos Peckel

Columnistas

La carta del nacionalismo

El referendo madurista agrega un factor más a la interminable crisis venezolana.

6 de diciembre de 2023 Por: Marcos Peckel

No es que la necesitara, pues su poder es absoluto. Derrotó por “knock out” a todos, los opositores, Estados Unidos, el grupo de Lima, la Unión Europea y cuanto ente o persona enfrentó. Incluso de vista a las presidenciales de 2024, Nicolás Maduro puede determinar si hacerlas o no, fijar la fecha a su conveniencia y decidir si permite o no la candidatura de Maria Corina Machado, a quien pareciera tenerle miedo.

Sin embargo, el pasado domingo, el dictador agitó la carta del nacionalismo, convocando a un referendo, cuyo resultado se sabía de antemano, para que el electorado determinara si el Esequibo guyanés es venezolano. Cinco preguntas, la última de la cuales consultaba al elector si apoyaba la anexión de esa región rica en petróleo y minerales. A sectores de oposición no les quedó más remedio que apoyar la realización del referendo para no aparecer “antipatriotas”. Sin embargo, Machado y otros opositores rechazaron el ejercicio acusándolo de ser una “burda manipulación populista”. La participación anunciada por el Consejo Nacional Electoral de diez millones de sufragantes no es creíble y van en contra vía de los vacíos centros de votación a lo largo del día.

Otra de las preguntas era si se debe desconocer la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, la cual debe proferir próximamente un primer fallo sobre el diferendo con Guyana. Pasarán años antes de que el tema jurídico se resuelva en un mundo que se desliza hacia la anarquía institucional. Por lo tanto, el referendo no es más que una cortina de humo en medio de la campaña electoral, aún cubierta de negros nubarrones que, sin embargo, podría tener graves consecuencias dependiendo del siguiente paso de Miraflores.

Los referendos que apelan al nacionalismo en Estados frágiles terminan aprobados casi por unanimidad, pero sus consecuencias pueden ser desastrosas. En 2017, los kurdos en Irak fueron convocados a un referendo independentista que obtuvo un resultado favorable de más del 90 %. Sin embargo, el gobierno central en Bagdad, que había cuestionado la legalidad del plebiscito, atacó la región kurda, le cercenó el 20 % de su territorio e independencia no hubo. En países con democracia y gobernanza consolidados los referendos separatistas tienden a ser disputados entre la identidad nacional y el bienestar del status quo. Tales son los casos de Quebec y Escocia en Canadá y Reino Unido, en los que primó lo bueno conocido por lo malo por conocer y los nacionalistas fueron derrotados. El referendo por la independencia de Cataluña en 2017 convocado por el gobierno de la Generalidad fue declarado ilegal por el tribunal constitucional español, sin embargo, se llevó a cabo y sus resultados, nunca avalados, dieron un 80 % favorable a la separación. El ejercicio terminó en caos, los líderes separatistas enjuiciados, el gobierno autónomo intervenido y Cataluña continuó como parte de España. El referendo madurista agrega un factor más a la interminable crisis venezolana.

Lo que no se puede descartar es que Maduro y su locuaz ministro de defensa Padrino López decidan, a la usanza de los dictadores argentinos, invadir Guyana y anexar el Esequibo. Esta acción, poco probable quizás, pero no descartable, en la anárquica geopolítica actual, podría no tener mayores repercusiones diplomáticas, pues Rusia y quizás China apoyarían a Maduro blindándolo de sanciones o de la invocación del capítulo VII en el Consejo de Seguridad.

Militarmente es otra historia, pues esas aventuras bélicas pocas veces terminan bien, sin que sea claro con que apoyo contaría Guyana, antigua colonia británica, imperio que se autoentregó el Esequibo en maniobras diplomáticas cuestionadas por Caracas y que podría salir en defensa de su excolonia, único país angloparlante de Suramérica.

AHORA EN Columnistas