Santa Librada se viene abajo

Santa Librada se viene abajo

Febrero 04, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Mis dos devociones mayores van dirigidas al alma de mi madre Elvia Ramos y a mi alma mater Santa Librada. Mi madre me dio la vida, los primeros sorbos de leche tibia y las palmadas en la nalga para salir a enfrentar el mundo. Santa Librada la camaradería de los condiscípulos y los conocimientos básicos para no comer callao. Mi carrera literaria, que me ha colmado de tantas satisfacciones, entre ellas la de que el auditorio de mi colegio lleve hoy mi nombre, proviene del poema que le escribí en 1960, Santa Librada College, de cuyo final le he presentado rendidas excusas.

Me paseé por los corredores de Santa Librada entre el 55 y el 59, en lo que fue una de las épocas más hermosas de mi vida rebelde, ejercitándome en el tiro de piedra contra la tiranía que después cambiaría por poemas disparados desde la misma honda. Tenía fama de ser el mejor colegio de la ciudad, aún siendo oficial, gratuito y de difícil acceso. Nunca olvido a los compañeros, 800 cada año, todos de blanco para los desfiles, 30 en el sexto A. Me limito a citar a Armando Holguín Sarria, Iván Bueno, Mario Suárez Melo, Alonso Lucio, Aragón Luis Alfonso, Sandoval Ramiro, Alfredo Izquierdo, Valencia Heladio, quien hoy se encuentra más resquebrajado que el mismo claustro.

¿Y qué le ha pasado al plantel? Que prácticamente se está viniendo abajo; de 50 aulas quedan en funcionamiento 31. Ha flaqueado la estructura que podría desplomarse en cualquier momento, corriendo el riesgo de una calamidad para educandos y profesores. Podría el colegio terminar en escombros, y por consiguiente Cali perder uno de sus más históricos íconos arquitectónicos, así haya terminado fallido estructuralmente. Es como si se derrumbara La Ermita, así como lamentablemente cayó el Hotel Alférez Real.

Está fuera de servicio el bloque A, donde funcionan dos auditorios -uno de ellos el consagrado a este poeta, que debo defender como si fuera la cuna de mi memoria-, tres salas de sistemas, siete aulas de clase por las que pasé en el bachillerato, la sala de profesores, dos de coordinación y dos baños. El bloque C también se está cayendo a partir del techo. Todo el edificio está en riesgo. Los recientes temblores se han producido y pronunciado grietas por todas partes, y, como los claustros también tienen alma, aventuro que son también expresión de congoja por la reciente desaparición de ese discípulo amado que fue Armando Holguín Sarria. Y, por qué no, por el calamitoso estado de salud y de economía del estudiante que desde hace 60 años ha presidido los actos conmemoratorios de la institución y las asociaciones de exalumnos solidarios, Heladio Valencia, por quien a la vez reclamo solidaridad.

¿Va Cali a dejar que por falta de sostén se caiga de su propio peso este claustro amado, este patrimonio arquitectónico, este recinto a quien tanto debe la educación regional por espacio de 196 años, desde que el general Santander tuvo la idea de fundar como celebración de la independencia evocando a esa figura legendaria y a la vez mártir que fue Santa Liberata, mandada a crucificar por su propio padre? ¿Va el señor alcalde Armitage a dejar desaparecer a esta hija desprotegida? ¿Y la señora secretaria de Educación Luz Elena Azcárate seguirá pensando que no se puede invertir en un patrimonio arquitectónico cuando es precisamente lo que más se debe cuidar? Desde abril del año pasado el colegio está esperando una asignación aprobada de 273 millones para el arreglo de un techo, que no ha salido, lo que hoy sería nada pues se requieren entre 800 y mil millones para reparar lo descaecido.

Y mientras la administración municipal se toca, ¿no habrá forma de que, a pesar de no ser patrimonio nacional sino municipal, el gobierno central colabore? ¿El Ministerio de Educación, el de Cultura en su sección Patrimonio o Monumentos? ¿O la pujante empresa privada de la región? ¿Las asociaciones de arquitectos, los bancos, las empresas pujantes? No tendría presentación que, a estas alturas de la historia, el mal llamado colegio de Santa Pedrada se viniera abajo por falta de piedras.

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