Marlene Troll en Villa de Leyva

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Marlene Troll en Villa de Leyva

Noviembre 04, 2019 - 11:50 p. m. Por: Jotamario Arbeláez

Hay mujeres ejemplo de temple con sutileza, de fogosidad luminosa, de serenidad con toques de picardía. Y cuando esas cualidades se aplican a la pintura resulta una artista como Marlene Troll, que se lleva las palmas con una saga pictórica que deberá ser orgullo de nuestra nacionalidad cuando se la vea en toda su perspectiva. Porque esta mujer, tan caleña como su apellido inicial Lloreda, es una de las cumbres de la plástica nacional, así todavía no se le haga el reconocimiento, que está llegado. Ya entra en preparación un libro que recoge el fuerte de su creación, original y extensa.

Casada con Hugo Alejandro Troll, payanés de ascendencia alemana, ha vivido extensas temporadas en Berlín, de donde regresó para instalarse en Villa de Leyva, donde residen dos de sus hijos, localidad paradisíaca a la que también yo me he vinculado porque hay que disfrutar el postrer descanso en la vida y en la tierra, y donde me encuentro con por lo menos una docena de mis viejos compañeros de luchas, ya en los tiempos del retiro.

La acompañé en una exposición en Viena, invitados por nuestro común amigo Luis Miguel Urrego, empotrado por entonces en la nobleza de los austrias, donde logró impactar a una sociedad de tan exquisita y exigente sensibilidad. Además de exponer en las principales salas de Colombia lo ha hecho exitosamente en Florencia, Zurich, Washington, Sao Paulo, La Habana. Su estética proviene de los cursos adelantados con el gran maestro David Manzur, como su juguetón y sofisticado arte escultórico desciende de Alicia Tafur.

El sabio, naturalista, botánico, geólogo, explorador alemán Alexander von Humboldt, en su “Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”, como dejaría constancia en un libro, llega en 1801 al virreinato de la Nueva Granada. Aquí se codea con José Celestino Mutis y el sabio Caldas. Y se dedica, entre otras actividades científicas, a examinar fauna y flora. Se pronuncia contra los atropellos hacia los indígenas. Luego, en París, conoce a Bolívar y le estimula en su lucha. Se cumplen 250 años de su nacimiento. Con ese motivo Villa de Leyva ha acordado celebrarle un homenaje, y uno de sus actos consistirá en replicar el que hace tres años se hizo en Berlín con la obra de Marlene Troll, titulada Mis mujeres hacen un homenaje a Humboldt.

Las obras, todas en mediano formato, son espectaculares por sus pintorescas figuras femeninas y su luz colorida. En ellas se ven las típicas mujeres de Troll, exhibiendo flores y frutos que el sabio descubrió y catalogó en su viaje. Sería maravilloso que ellas entraran a hacer parte del acervo pictórico de las personas de alta sensibilidad y algo de capacidad económica, para enlucir sus moradas. No hay nada más bello, más noble y más enriquecedor que entronizar la obra de un gran artista del lugar en las salas del buen gusto.

De celebrar. Manifiesto mi complacencia por el Premio de Arte Nomura, acordado en el Japón en su primera edición a Doris Salcedo, por la excelsitud de su trabajo formalmente inventivo, durante el último cuarto de siglo, en especial sobre violencia política. Está dotado de un millón de dólares, con los cuales podrá acometer nuevos trabajos de gran exigencia económica de financiación, siempre encaminados hacia la dignificación ser humano y al repudio de sus verdugos.

Celebro el triunfo electoral de Claudia López hacia la alcaldía de Bogotá y de Jorge Iván hacia la de Cali y deseo que sus administraciones sean exitosas sobre todo en el principal plan que se proponen, como es el de darle garrote a la corrupción.

Me alborozo con la publicación del libro Anfiteatro (consolación de la pornografía) de Sandro Romero, émulo de Andrés Caicedo y de Hernán Hoyos, por su estupenda estructura literaria, su juguetón tema erótico y su historia de Cali en esos sesentas y setentas que nunca se olvidarán. Es un libro que vale la pena sea leído por caleños de todas las edades para que vean cómo fuimos.

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