La señal de Caín*
Violencia engendra violencia, el que a hierro mata a hierro muere, ojo por...
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12 de mar de 2013, 12:00 a. m.
Actualizado el 22 de abr de 2023, 08:06 a. m.
Violencia engendra violencia, el que a hierro mata a hierro muere, ojo por ojo y diente por diente, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. Estos cuatro apotegmas, leí por ahí, debieron haber tenido en mente los señores Castaño Gil, antes de atentar los unos contra los otros. Los paras han sido el fenómeno criminal más espeluznante de los últimos tiempos. Creados y financiados por víctimas potenciales de las guerrillas para defenderse del secuestro y el boleteo, se impusieron por el terror y el uso discriminado de la lista en mano contra labriegos y pueblerinos en sospecha de apoyar insurgentes. Tres hermanos Castaño detentan el deshonor de haber sido sus mentores. Prevalidos del dolor y la rabia de haber visto a su padre sucumbir bajo la guerrilla, asumieron como vindicadores, en concubinato con las Fuerzas Armadas. Alguien debía ejecutar el trabajo sucio contra los derechos humanos, que no tiene perdón internacional. Esta alianza siniestra ha tenido suficientes condenas, como para que se me vaya a tildar de temerario.García Márquez, el del olfato periodístico, azuzaba a sus colegas soplándoles que no había mejor tema para una crónica que el de los panes envenenados de Zipaquirá, por ejemplo. Yo he encontrado otro tema, ya no para periodistas sino para novelistas y dramaturgos, que deja atrás la tragedia griega y la shakesperiana. Apareció como noticia en El Tiempo, el jueves 26 de abril 07, bajo el título Los Castaño, ¿una familia fratricida?, y me sorprendió que ningún columnista hiciera referencia a ella. Entre mis papeles guardé el recorte. Esta es la síntesis. Tres de los 12 hermanos Castaño Gil, Eufrasio, Reinaldo y Ramiro, fueron ejecutados (¿por quién?) en ajuste de cuentas relacionado con la venta de armas. Era el principio de la saga. Fidel -de cuya presunta ejecución por las Farc hizo Carlos Castaño bandera con calavera- habría sido muerto por orden suya. Y a Carlos Castaño lo habría ordenado sicariar su hermano Vicente, a través del confeso Monoleche. Todo esto hace parte de las declaraciones de Ernesto Báez. Ahora, la revista Cambio da la noticia de la ejecución de Vicente por disposición de sus hermanos de Itagüí. Caínes sobre caínes. Aunque el Señor había puesto a Caín una marca para que no lo mataran. Vamos despacio; Carlos, pese a lo sanguinario, parece que era zanahorio respecto de la vinculación con el narcotráfico. Cuando supo que Fidel se asociaría con las Farc en asuntos de droga, ordenó su liquidación. Otro factor intervino: Carlos le habría rapado una novia a Fidel. Cuando éste pudo recuperarla, nadie volvió a saber de ella. Entonces, Carlos ordenó a su hombre de confianza, Salvador, darle chumbimba a Fidel. Pero habría otro motivo: la muerte de la hermana menor, Romualda. Ella les hablaba duro a sus hermanos sobre sus actividades criminales. Y Fidel la increpaba por sus tendencias lesbianas, al extremo de prohibirle acercarse a su esposa. Un día las encontró juntas, y tras golpearlas se encerró con su hermana para violarla. Esta escapó, les arrebató un arma a los escoltas de Fidel y se pegó un tiro. El hermano Carlos habría vengado esta iniquidad. El otro, Vicente, a quien Báez atribuye el asesinato de Carlos, habría muerto baleado, incinerado y tirado al Cauca. No faltan las malas lenguas que afirman que no es en el infierno, sino en Estados Unidos, donde se encontrar Fidel, Carlos y Vicente. Cada uno con la señal protectora de Caín en la frente.* Ahora que se está pasando por Tv. Los tres caínes, repongo este artículo que publiqué en caliente y que sería el resumen de la serie, sin ánimo de reclamar crédito. Sólo para mostrar mi olfato al plantear la coincidencia de los caínes.

Miembro fundador del movimiento nadaísta. Ganador de tres premios nacionales de poesía y uno internacional. Fue Secretario de Cultura de Cundinamarca. Recibió la medalla del Congreso en el grado de Comendador. Es columnista de El Tiempo desde 1990 y de El País desde 1998.
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