El Club de los corazones E-mail

Diciembre 05, 2022 - 11:50 p. m. 2022-12-05 Por: Jotamario Arbeláez

Fui un redactor de cartas de pe a pa. A los amigos y a las amadas. Con copias en papel carbónico que hoy no me dejan avanzar. Hasta que un día de hace 20 años, con motivo de la celebración del Día de San Valentín -patrono de los enamorados-, quise pulsar si el medio de comunicación electrónica epistolar denominado E-Mail, habría puesto punto final al romanticismo de la carta de amor. Como sempiterno escribidor de cartas y ahora usuario de sistemas, me aventuré a formular mis hipótesis.

Ya nadie escribe cartas de amor. La pérdida de vigencia de esta paloma seductora no se debe al E-Mail, sino, para empezar, al pésimo servicio de los correos, que hacía que muchas veces cuando llegaba la carta de amor ya había pasado el ardor. O a que se extraviara por la pereza o la curiosidad cleptómana del cartero. Otra causa de orden estético: la desaparición de las plumas fuente con tintas verdes o lilas reemplazadas por el bolígrafo, que produce una grafía prosaica. De orden práctico: la facilidad de comunicación que vino a brindar el servicio de larga distancia con marcación directa. Por prudencia: la necesidad de no dejar huella de la conquista del hada de hoy, convertida mañana en chantaje o al menos en ocasión de burlas por parte de los amigos de la bruja. Por consideraciones legales: la seducción erótica (como todo crimen perfecto) no debe dejar pistas tan comprometedoras como documentos firmados. Finalmente, parece que ya no hay amores que duren más que lo que dura una carta conservada en un sobre.

La decadencia, pues, no sería de las cartas de amor, sino del amor mismo. Ahora bien, el E-Mail es un recurso sigiloso que puede recuperar el prestigio perdido de este género literario que es la epístola amorosa, pues tiene la velocidad adolescente del fax, pero evita el peligro de quedar expuesto el recado a la faz del mundo. Mediante el íntimo E-Mail, los amantes pueden hacer el amor en secreto a través de cartas iluminadas, convirtiéndose el medio en su propio fin. Ventaja adicional de la carta en pantalla, es que evita el riesgoso empleo del papel, que si no cumple el cometido por torpeza o por intransigencia de la destinataria, puede terminar como respuesta inmediata con una triste utilización sanitaria para chasco del donjuán.

La carta de amor es más eficaz que otros recursos cercanos como son el ramo de rosas, la caja de chocolates, el collar de brillantes o la invitación a almorzar en Andrés Carne de Res, con la diferencia que la inversión es mínima, a lo sumo las estampillas de ‘entrega inmediata’. El empleo de la carta de amor para doblegar al objeto amado -por parte de alguien con imaginación y conocimientos de redacción-, es un aprovechamiento ilícito de la retórica y de las galas del lenguaje. Para mí que tiene casi las características de un estupro. Sobre todo, si la dama no es muy ducha en literatura. No se sentirá con alientos de contestar sino con deseos de meterse ella misma en el sobre. Alguna sociedad protectora de féminas o agrupación feminista debería tomar cartas en este asunto.

Para que una carta de amor sea infalible -en su máxima apuesta que es la conquista con seducción incorporada-, ha de ser pérfida, falaz, dolorida. Confesará la desdicha del corazón que la escribe por haber conocido al objeto de su desvelo. Mostrará un tinte de desinterés por obtener la dicha de coronar. Hará con disimulo la relevancia exagerada de los méritos de la víctima, superiores a los de alguna conocida que ella sabe es preciosa. Si esta fórmula no funciona devuelvo el dinero de las estampillas. El que utiliza la sinceridad y la transparencia en la carta de amor, no sólo no logrará convencer a su dama, sino que caerá indefectiblemente en el ridículo. Y terminar haciendo el ridículo, en vez de comenzar a hacer el amor, es lo peor que puede pasar cuando las cartas ardorosas no encuentran digna correspondencia.

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