Tiene dos años y está presa

Tiene dos años y está presa

Octubre 28, 2018 - 06:20 a.m. Por: Jorge Ramos

Fernanda Jacqueline Dávila tiene 2 años de edad y está presa. El gobierno de Estados Unidos dirá que eso no es cierto. Que está siendo bien cuidada y alimentada. Que tiene cama y ropa. Pero la realidad es que está encerrada en un centro de detención para niños inmigrantes y no se puede ir.

Fernanda, de pelo y ojos color café, vivía en Tegucigalpa, Honduras. Pero su abuela materna, Nubia, se la llevó a Estados Unidos donde ambas se entregaron a los agentes de la Patrulla Fronteriza. La mamá de Fernanda, Álison Dávila, de 21 años de edad, no estaba muy contenta con la idea de que las dos se fueran al norte. Pero, al final, cedió.

“Mi mamá, cinco meses antes, me estuvo pidiendo que le prestara a la niña para llevársela. Y que en dos meses me mandaba traer a mí”, me dijo Álison en una entrevista. “No quería dejársela. Pero ella me dijo que le hiciera el favor porque ella quería pasar. Que era un mejor futuro [para la niña]”.

La niña y la abuela fueron detenidas al cruzar la frontera. Y poco después fueron separadas. “Migración las tomó”, me contó Álison, “y un día después las separó. La niña estaba dormida. Fue cuando las separaron. No le dijeron [a la abuela] a dónde iban a llevar a la niña”.

Eso ocurrió a finales de julio. Desde entonces, Fernanda está sola en Estados Unidos. No se la regresaron a la abuela, quien ya fue liberada y está residiendo en Atlanta, Georgia. Y tampoco la enviaron a Tegucigalpa, donde vive su mamá. (El papá de Fernanda murió en un accidente.)

Mamá e hija se comunican por videollamada dos veces a la semana, miércoles y viernes, con la ayuda de un trabajador social. “Ella llora bastante”, me dijo Álison, “pidiendo que quiere venirse con mamá”. Y por algún tiempo, la madre se imaginó lo peor: que fuera dada en adopción. “Ese era mi más grande temor”. Un reportaje de The New York Times (nyti.ms/2Nuf6dS) describe con detalles dolorosos cómo Fernanda fue presentada ante una corte de inmigración en Nueva York. Sus pies colgaban de la silla y se echó a llorar. La jueza, que no hablaba español, hizo sus preguntas a través de un intérprete. Pero Fernanda se quedó callada.

¿Qué hace una asustada niña de 2 años, sin su mamá y su abuela, frente a una jueza de migración? En septiembre pasado había casi 13 mil niños inmigrantes en custodia del gobierno de Estados Unidos. Este número ha crecido -de los 2.700 que había en mayo del 2017- debido a nuevas regulaciones que hacen más difícil la entrega de los niños a familiares y conocidos. Y también al temor de muchos padres a ser detenidos y deportados cuando van a recoger a sus hijos.

Por separar a las familias inmigrantes, el gobierno trumpista decidió, con deliberada crueldad, que quería enviar un mensaje a los centroamericanos para que no trataran de entrar ilegalmente a los Estados Unidos. Pero acabo de regresar de la frontera, de la llamada región del Río Grande en Texas, y vi a montones de familias centroamericanas llegando y entregándose a las autoridades migratorias. Muchos, me lo dijeron, prefieren cualquier cosa en Estados Unidos que vivir condenados a la violencia y a la pobreza en Honduras, Guatemala y El Salvador. De hecho, viene una nueva caravana de miles de personas y deben llegar a Río Grande en unas semanas.

“Está muy mal”, me dijo Álison, sobre la política de ‘cero tolerancia’ que ocasionó la separación de Fernanda de su abuela. “Ningún niño se merece eso. Los enferman psicológicamente. Son niños que necesitan estar con sus papás”.

La jueza, finalmente, decidió regresar a Fernanda a Honduras. “Le dieron 120 días para que regrese”, me explicó la mamá, quien ya está un poco más tranquila porque le dijeron que la niña no será dada en adopción.

Este es el país que ha creado el presidente Donald Trump. Una nación que separa a una niña de dos años de edad de su abuela. Y luego la deja encerrada, sin ningún familiar cercano, por meses. ¿Dónde está el sentido de urgencia? Me imagino la reacción de Trump y la protesta del público si otro país le hubiera hecho lo mismo a una niña estadounidense.

Fernanda nunca hizo nada malo. Pero los planes no salieron bien. Hoy sigue presa.

Y tiene solo 2 años. Dos.

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