Ester, la que ora

Septiembre 16, 2022 - 11:35 p. m. 2022-09-16 Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En el libro de Esther 14,1-19 encuentro una oración que hace una mujer del pueblo de Dios, para salvar a Israel del exterminio que por edicto del rey Azuero, suscitado por acusación del más alto subalterno real: Amán, le hacía al rey ver el peligro de un pueblo diseminado entre todas las provincias del reino que tiene unas normas religiosas distintas a las del rey; es decir no las cumplía, y se convertía en oposición así al imperio, y no sería conveniente dejarlos en paz, por eso debía exterminarlos. Poder civil que se enfrenta a una vivencia religiosa.

En la columna anterior colocaba desde la perspectiva de las ideas ‘globalistas’ y ‘progresistas’, esta misma situación; que revisando la historia las encontramos con frecuencia, pero que pareciera que el fantasma de lo religioso sigue asustando, cuando vemos toda la problemática del país centroamericano con la expulsión de las monjitas de la madre Teresa de Calcuta, y ahora con el secuestro y apresamiento del obispo y los sacerdotes, por predicar el evangelio; pero la realidad nos llega ahora también a nosotros; con la capilla católica en El Dorado y en estos días la del Congreso de la República.

Por eso recurrí a estos dos historiadores en búsqueda de razones más científicas: Arnold J Toymbee y Samuel P Huntington, ellos ven el comienzo y final de una civilización, o la destrucción y choque de civilizaciones, en la presencia o práctica de una Religión Superior, dándonos a entender la impronta que tiene la religión para el ser humano y su comportamiento en el hacer presencia en la cultura de su tiempo.

Por supuesto, no podemos olvidar El Holocausto, en el cual por el prejuicio antisemitismo se exterminó más de 6 millones de judíos, prejuicio que lo vimos con Amán en el caso de la reina Ester y su pueblo el Judío, ahora viene a nuestra mente con el caso de las capillas y la presencia de la religión católica, que naciendo en la geografía del semitismo, dio paso a la civilización Occidental, es que pienso no solo en la valentía de esta mujer para defender su fe, como la de los primeros mártires cristianos para sostener la esperanza en la resurrección de Jesús, la nueva religión superior que aparecía, que miro al interior de esa oración.

Lo primero es la búsqueda de apoyo seguro ante la tormentosa situación de angustia, por la amenaza de exterminio para su pueblo y por supuesto para ella misma; el segundo paso es la renuncia a todo apego y pretensión personal para ponerse al servicio de su pueblo, con el fin de ser escuchada por su Dios y el tercer paso: reconocer que solo hay un único Señor que tiene el poder y que en el confía y se pone en sus manos, el Dios de sus padres, es el único que los puede salvar.

El gran plus, decía un ateo, en las famosas conversaciones en Milán en el llamado el ‘areópago’, con el Cardenal Martini, era que el creyente tenía la esperanza, porque confiaba; eso es la fe, en las promesas de un Dios que le prometía la vida eterna, y por eso luchaba y aun se sacrificaba ante un mundo adverso y en oposición, porque sabía que la verdad, la justicia, el derecho y la libertad, solo las podía alcanzar siguiendo el camino que le señalaba este único Señor, el de sus padres, el de sus antepasados, ese Dios que camina tan cerca del hombre y que espera que el hombre le escuche para llenarle de esa sabiduría y confianza para existir y con ella vencer la mentira, el odio, la división, la injusticia. Es el Dios de la vida, del amor y de la paz.

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