“Di la verdad a los hombres”

“Di la
verdad a los hombres”

Marzo 24, 2019 - 11:45 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

El obispo de San Cristóbal, Táchira, Mario Moronta, tomando una de las ideas del poema del Libertador llamado ‘Mi delirio sobre el Chimborazo’ se lo transcribe en carta abierta y pública al presidente Maduro y dice así: “Observa, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: Di la verdad a los hombres”; le dice que motivado por este pensamiento de Bolívar, “hoy le escribo y hablo con la verdad en la mano, la misma verdad que nos hace libres, según nos enseña el Evangelio de San Juan (Jn 8,32), pues para ser libres nos liberó Cristo” (Gal 5,1). Es necesario enfatizar que debemos entendernos con la verdad verdadera, no la que se inventa o la que se quiere mostrar sin serla.

En este mes de marzo los obispos de Nicaragua anunciaron que se retiran de la mesa de diálogo, informando que “no estaremos presentes físicamente en el foro de negociaciones, pero acompañaremos como pastores estos momentos cruciales de nuestra Patria, ejerciendo nuestra misión profética y dedicándonos a la oración y al ministerio de la Palabra”.

Precisamente el 13 de marzo se cumplieron seis años de haber sido elegido Francisco como papa y su acción pastoral ha sido marcada por estas intervenciones como pastor de la Iglesia universal en las situaciones críticas de los Estados, de los gobiernos del mundo. En lo que tiene que ver con el hombre, su dignidad, su libertad, sus derechos, Alessandro Gisotti, director interino de la sala de prensa de la Santa Sede, afirma que algunos de los hitos del pontificado de Francisco hay que verlos en los migrantes, la reconciliación, los casos de abusos sexuales; y que todos ellos hay que reconocerlos en algo que siempre está en el corazón del papa, cual es el dialogo sincero, como un encuentro amistoso, un arriesgarse a hablar con el otro, sin considerarlo enemigo, mirarle de frente, ese es el diálogo que nace del encuentro.

Por esta personalidad que está en él es que entiende que la nueva forma de la buena política, y que la deben ejercer igualmente los católicos y de una manera especial sus laicos, es por lo que afirma: “No se puede gobernar al pueblo sin amor y sin humildad. Y cada hombre, cada mujer que tome posesión de un servicio público, debe hacerse dos preguntas: ¿Amo a mi pueblo para servirle mejor? ¿Soy humilde y oigo lo que dicen los otros, las diferentes opiniones para elegir el mejor camino? Si no se hace estas preguntas su gobierno no va a ser bueno. El hombre o la mujer gobernante, que ama a su pueblo, es un hombre o una mujer humilde”.

Esta impresión fue la de Russell M. Nelson, el líder de los mormones que lo visitó en Roma: “Qué hombre tan dulce y maravilloso es, y qué afortunados son los católicos por tener un líder tan amable, preocupado, cariñoso y capaz”.

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