La traba de Petro

La traba de Petro

Junio 18, 2019 - 11:55 p.m. Por: Jorge E. Rojas

Engolosinado por el resentimiento contra las clases sociales donde cree que se cultiva la única maleza que pudre este país, Petro ha compartido uno de los disparates más venenosos que se recuerden a lo largo de su carrera: la semana pasada escribió desde twitter, dándolo como verdad, que el azúcar es una droga más dañina que la cocaína y la marihuana.
“Tenemos 250.000 hectáreas sembradas para producir una de las peores drogas de la historia”, dijo. En una nación desangrada por la guerra narcotraficante, reconocida mundialmente por ese penoso inri, y con ciudades como esta, que siguen extinguiéndose sobre el abono que la mafia dejó sembrado en nuestro suelo, esa tesis en boca -o en dedos- de un hombre que aspira a convertirse en presidente, no solo está fuera de lugar sino que constituye un pequeño gran insulto.

Tal vez ahora, que es senador y levita sobre zapatos Ferragamo, se haya olvidado de cómo es caminar por la Colombia Humana, donde tan fácil como se consigue una manzana Postobón, se compran porros, bolsas de perico, opiáceos, heroína, LSD, o licor, que en cualquiera de sus empaques o sabores es igual de peligroso. Pero habrá que entenderlo: seguramente trabado por el vicio del poder, y los afanes de polarización que le dan juego político, tenga días en los que despierte incontinente digital, alucinando que de esa forma es como se construye el camino a la Casa de Nariño.

Aquí y en cualquier parte del mundo, los efectos perversos que el azúcar tiene sobre la salud son innegables. El endulzante es una de las cuotas iniciales de la obesidad, que no es un descuido sino una epidemia, y también es uno de los causantes decisivos para enfermedades cardiovasculares, diabetes, desordenes metabólicos, o males degenerativos a largo plazo como el alzheimer, de modo que esta no es una defensa de lo indefendible. Aunque los cañaduzales sean patrimonio laboral y paisajístico del Valle del Cauca, es imposible tapar el sol con un dedo. Lo que pasa es que aun así la comparación está fuera de toda órbita: anualmente por lo menos quinientas mil personas mueren alrededor del planeta arruinadas por la droga, según cuentas de la Organización Mundial de la Salud hasta el 2017. Y gran parte de la cocaína que sepulta a una porción de esas víctimas se siembra, cosecha y exporta desde Colombia.

Demasiado mal está el país, como para que el líder de la oposición se ponga en la tarea de alimentar debates de este tamaño, cuando su innegable inteligencia debería estar al servicio de las soluciones que nos urgen en todo sentido. Con salidas tan absurdas como la que exhibió en Twitter, lo único que propicia son dudas sobre su capacidad para despojarse del odio y trabajar en beneficio del pueblo, antes que en el perfeccionamiento de su revancha contra todo lo que le huela, o sepa, a clase opresora. Leyéndolo, la imaginación, atribulada, se pregunta: ¿Qué pasará si sus ansias se cumplen y algún día llega a convertirse en el primer mandatario de esta patria salada? ¿Expropiará 250.000 hectáreas de caña para promover sembrados de amapola, coca y cannabis? ¿Ofrecerá recompensa a quien le informe el paradero del gerente de Colombina, por seguir fabricando Bon-Bom-Bum y Nucita? ¿Emitirá orden de captura contra los cocineros de manjarblanco y las batidoras de melcocha?

Si se destraba el presente de la izquierda, y llega a la presidencia, Dios quiera que para cuando eso ocurra Petro se haya aliviado de todos los traumatismos que ha padecido y así pueda dejar atrás tanto resentimiento. De aquí hasta allá, al menos, ojalá, tal vez alcance a recuperarse de las sobredosis de amargura que lo tienen diciendo tanta tontería.

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