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Alí-ba Iván y los 40 ladrones

Octubre 11, 2020 - 06:30 a. m. Por: Jorge E. Rojas

Alí-Ba Iván y sus secuaces ya tienen el botín: 650.000 millones de pesos que podrán gastar más o menos a su antojo durante los próximos tres años. Por los diez o quince años siguientes, Juan-Pueblo tapará el roto con impuestos municipales. Aunque este jueves existió un último chance para evitar que se llevaran el cheque en blanco, el Concejo de esta ciudad de mercaderes aprobó en su mayoría el mega-endeudamiento peor argumentado de la historia. Los únicos que se opusieron a la canallada fueron Diana Rojas y El Chontico. Así las cuentas, serían más bien Alí-Ba Iván y 19 ladrones.

Los proponentes son los más cómplices. Uno de ellos muy amigo de Juan Carlos Abadía, príncipe de la estafa que tuvo entre sus marcas registradas el uso de vigencias futuras para disponer de recursos a manos llenas y sin fiscalización. ¿Coincidencia? Cuando desgraciadamente fue gobernador del Valle, Abadía apuró un proyecto que comprometió las finanzas de la región por doce años, endeudando al Departamento para conseguir un montón de plata que supuestamente iba a invertir en obras de infraestructura. Extrañamente ese proyecto resultó aprobado con inusitada rapidez. El monto: 650.000 millones de pesos. ¿Coincidencia?

Una de las imágenes más inverosímiles de los cuentos de las mil y una pesadilla que venimos oyendo repetirse, sucedió hace unos años, cuando el Alcalde Ciego mandó a despegar el tapete de alfombra que cubría el piso de su despacho. Ese Alcalde sospechaba que algunos invitados a su oficina, a veces se quedaban a hurtadillas en los rincones para espiarlo después de que terminaban de reunirse. Entonces sin la alfombra, él podría escucharlos caminar y así conjurar cualquier traición. Fue un pequeñísimo momento en el que ese hombre quizás pudo simbolizar una metáfora esperanzadora en el CAM: “Él ve lo que otros no ven”, predicaban sus fanáticos. Pero el falso mesías terminó como ya todos sabemos: destituido por la Procuraduría General de la Nación antes de que terminara su mandato, e inhabilitado por catorce años para ejercer cargos públicos. El caso que lo condenó fue el amañado contrato para la modernización del recaudo de impuestos.

Nuestra ceguera no tiene perdón. Hemos permitido que nos roben y que sigan robando la ciudad de todas las formas posibles. Cuando corría la primera vez de Alí-Ba Iván, es decir por allá en el 2010, se gastó 300 millones en un ‘parchecito’ que se armó con otras nueve personas para irse a ExpoShangai. Eso sí, todo muy bien justificado: iba la mujer de ese tiempo, porque a esa lejura ni modo de irse solo. La secretaria general, para las diligencias con los pasaportes. El jefe de Protocolo, que me imagino hablaba mandarín. La jefe jurídica, por si tenía líos aeroportuarios. Y al subdirector de Planeación, quién sabe, seguro lo llevó porque no conocía Shangai. Los únicos funcionarios sustentados realmente por su rol en ese viaje eran el secretario de Turismo y la directora del Teatro Municipal; aunque la directora del Teatro Municipal viajó con su esposo, invitado, claro, también por Alí-Ba Iván.

Parece que se nos olvida que a raíz de esa primera vez, lo investigan por celebración de contrato sin el cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación. El caso es del tamaño de un estadio: tiene que ver con los convenios interadministrativos que suscribió para remodelar el Pascual Guerrero, con obras presupuestadas en 30.000 millones de pesos, y por las que terminamos pagando el triple. En el relato original de Las Mil y Una Noches, Alí Babá también tiene un hermano. Se llama Kassim. Y también es su cómplice.

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