Opinión
Hay que protegerla
“La democracia es más un trabajo que una idea”, dijo el recientemente fallecido Alain Touraine. Significa lo anterior que a la democracia hay que conservarla, cuidarla y protegerla porque es una creación frágil.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


21 de ago de 2023, 01:43 a. m.
Actualizado el 21 de ago de 2023, 01:43 a. m.
Las democracias modernas no tienen más de 250 años, un momento fugaz en la larga historia de la humanidad. Son los imperios, los despotismos, las satrapías y los absolutismos las figuras que han llenado la historia política del mundo. Por eso a la democracia (lo más perfecto entre lo imperfecto) hay que cuidarla y protegerla.
La forma más brutal de acabar con la democracia es la guerra. En febrero de 2022 nadie entiende por qué el hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, decidió invadir con ejércitos propios y mercenarios a la vecina Ucrania. De hecho, Rusia llevaba un par de décadas tratando de parecerse a una democracia de estilo occidental.
Sin embargo, el déspota emergió y logró que en su propio país hasta el Patriarca Ortodoxo de Moscú apoyara tan absurda guerra. Las consecuencias de esa contienda entre eslavos se han sentido en todo el planeta. Es ignominioso comprobar como los alimentos se han convertido en arma y Rusia impide de manera sistemática que los granos de Ucrania lleguen a los países que los necesitan.
El descontento general de la población comienza a aflorar en Rusia y ya se nota un deseo de acabar con las enormes pérdidas que la aventura de Putin ha ocasionado en su país. Ucrania, por su parte, se está dando cuenta de que no podrá obtener la victoria militar y que debe negociar.
Pero no solamente la guerra entre naciones atenta contra la democracia. En el seno del sistema democrático más desarrollado del mundo se están presenciando las increíbles maniobras que el expresidente Donald Trump efectuó para torcer los resultados de las elecciones de 2020.
Sumando los cargos que componen las cuatro investigaciones que se adelantan contra Donald Trump, se llega a la vergonzosa cifra de 91. Nadie se explica cómo un individuo de ribetes antisociales tan marcados llegó a presidir a Estados Unidos. Por ello se ha dicho que no puede haber democracia sin demócratas.
De la democracia debe erradicarse la violencia política. Los rivales del presidente de Haití no se imaginaron que al promover el asesinato del presidente Moïse en 2021 destaparían la peor crisis en la historia de ese país, gobernado hoy por centenares de pandillas. Nuestro vecino Ecuador, por su parte, debe actuar con prudencia y sensatez ante el reciente crimen del candidato presidencial Fernando Villavicencio.
“La democracia es más un trabajo que una idea”, dijo el recientemente fallecido Alain Touraine. Significa lo anterior que a la democracia hay que conservarla, cuidarla y protegerla porque es una creación frágil. Incluso los críticos más sensatos deben entender que el sistema democrático está unido en su esencia a las formas institucionales.
La figura más importante que ha surgido en la política argentina de los últimos tiempos es Javier Milei, un economista de centro-derecha hastiado del estatismo peronista cuyo discurso atrajo a las mayorías en la reciente elección primaria para ocupar el cargo de presidente.
Pero Milei debe cuidarse del tremendismo verbal que lo ha llevado en estos días a proponer el cierre del Ministerio de Ciencias, porque los científicos argentinos no producen nada…
***
Posdata: Todo parece indicar que la campaña presidencial de Petro en 2022 excedió los topes de financiación permitidos. Ahora nuestra sensatez republicana aconseja dejar que las instituciones obren.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.
6024455000






