Planear y ejecutar

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Planear y ejecutar

Julio 13, 2018 - 11:35 p. m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Las ciudades son sitios donde la especie se concentra para disfrutar la magia de los encuentros y obtener servicios con menos costo, por cuenta de la densidad poblacional. Son núcleo de regiones y epicentro de la vida cultural. Pueden ser irresistibles, pero para ello, sin embargo, deben tener cierto orden mínimo, que haga probable el beneficio y mitigue los perjuicios inherentes a la complejidad. De allí la importancia de disponer del beneficio de una planificación apropiada, fruto de una visión colectiva compartida por muchos habitantes.

La perspectiva de futuro debe tener como punto de partida un inventario de ventajas comparativas, naturales y adquiridas. Las primeras son el tesoro del lugar, las segundas son más bien consecuencia de las gracias de sus habitantes. La conjunción permite ver hacia qué ámbitos es conducente la orientación de la comunidad: no tiene sentido pretender destacarse en atención a necesidades que no compaginen con lo propio. Es preciso poner las cosas en perspectiva, pues la evolución del contexto altera la valoración relativa de las cosas.

Hay que mirar hacia adelante, pero no ignorar las raíces, porque por ellas se nutre el árbol. Hay que aprovechar lo evidente y descubrir los tesoros ocultos. Tras la declaración de voluntad en función de las ventajas, es preciso especificar un camino para capitalizar las posibilidades. Eso significa ordenar tareas conducentes a aprovechar las ventajas, identificar el proceso apropiado para materializarlas, establecer qué riesgos conllevan y la forma de mitigarlos, y hacer los presupuestos para las inversiones públicas y privadas necesarias.

Es conveniente hacer estos ejercicios desde el ámbito de lo privado en un principio, porque al fin y al cabo son los empresarios quienes invierten, generan empleo y necesidades de servicios personales. Sin embargo, la tarea involucra la participación pública en educación e infraestructura para desarrollar el conocimiento y las condiciones propicias para aprovechar las circunstancias. El ejercicio de escoger entre diversas opciones de inversión pública, con el criterio de maximizar el beneficio general. La cultura institucional colombiana tiende a favorecer los compromisos de corto plazo, y es preciso modificarla.

En el caso de Cali, hay claridad sobre ventajas comparativas: el clima del Valle es maravilloso, el acceso a la cuenca del Pacífico tiene importancia, y hay seis clusters, o grupos de empresas conectadas, con proveedores comunes e instituciones compartidas, caracterizados por la Cámara de Comercio como apropiados para construir valor. La infraestructura vial es buena, pero está coja en lo más importante: el acceso al puerto de Buenaventura y la carretera que cruza la cordillera central. El nivel de educación es, como en Colombia en general, deficiente en comparación con los de otros países con los cuales es preciso competir en el ámbito del mercado mundial. Tampoco hay la formación especializada requerida para las tareas del futuro. En contraposición, existe la institucionalidad privada necesaria para compilar información con orden y hacer seguimiento en la ejecución de tareas. Hay disposición para hacer. ¿Qué falta?

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