Perspectivas para Cali
El futuro de la ciudad depende de todos sus habitantes, por lo cual es preciso involucrarlos en todo el proceso propuesto. El tiempo es oro.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

9 de feb de 2021, 11:55 p. m.
Actualizado el 18 de may de 2023, 06:47 a. m.
Cali fue el epicentro de la inversión internacional en Colombia en los años 50 y 60 del siglo pasado, por su ubicación privilegiada para acomodar las necesidades del capital internacional de consumo masivo a la política de protección a la producción nacional. Además fue la capital deportiva de Colombia. El país era muy pobre; había cambios importantes en proceso, de país rural a urbano y de analfabeta a letrado; era clara la perspectiva de crecimiento sostenido y la población muy joven.
Desde entonces han ocurrido grandes cambios: la explosión de la producción nacional de coca y la exportación del alcaloide derivado impulsaron la conformación de los diversos carteles en el Valle, el país se desindustrializó gradualmente, sobre todo a raíz de la erosión institucional impulsada por la Constitución de 1991, la población envejeció y la tasa de crecimiento de la población de la ciudad, dramática en los 60, se ha reducido en forma marcada.
La gestión pública ha sido discontinua y, en general, ineficaz: la calidad de la educación pública sigue muy deficiente, la tasa de homicidios dobla el promedio nacional, la infraestructura de servicios públicos domiciliarios, otrora motivo de orgullo es hoy fuente de interrogantes, el sistema de transporte es muy deficiente y no parece haber la convicción necesaria para arreglarlo, el área al oriente del centro histórico lleva medio siglo en declive poblacional mientras la ciudad se expande hacia el sur y el suroriente, y no hay estrategia seria de largo plazo para la ciudad y la región.
Todos los problemas enunciados tienen soluciones. A cada uno corresponde una oportunidad. La tarea apropiada es hacer un plan comprensivo para un horizonte de al menos diez años, impulsar su ejecución y revisarlo todos los años. El compromiso debe trascender los sesgos políticos: la ciudad no tendría la autonomía necesaria para abordar transformaciones de políticas públicas que el país requiere, pero aún en el marco limitado de las actuales instituciones nacionales se puede mejorar: el ingreso per cápita del Valle a duras penas iguala el promedio nacional, en tanto que Bogotá lo excede en 50%, y Santander en 40%. Además es preciso liderar soluciones a la problemática del suroccidente: los de Chocó y Nariño solo son 40% del promedio nacional, y el de Cauca 60%.
Buenaventura es nodo que vincula a Colombia con la cuenca del Pacífico, que se debe aprovechar más allá de la perspectiva portuaria. Cabe el contraste con Manizales, donde las universidades impulsan el proceso de formación tecnológica en los colegios, las empresas comparten sus expectativas de necesidades en tecnología, las universidades tienen alianza con la administración municipal para consolidar a la ciudad como núcleo de construcción de conocimiento, y la ciudad se ha vuelto sede de call centers; todo lo anterior ha contribuido a disminuir la informalidad, y la comunidad se siente partícipe de una epopeya cívica.
En contraste, en Cali impera la liviandad, pese a que la geografía la favorece de manera evidente. El futuro de la ciudad depende de todos sus habitantes, por lo cual es preciso involucrarlos en todo el proceso propuesto. El tiempo es oro.

Directora de El País, estudió comunicación social y periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Está vinculada al diario EL País desde 1992 primero como periodista política, luego como editora internacional y durante cerca de 20 años como editora de Opinión. Desde agosto de 2023 es la directora de El País.
6024455000