Estrategia regional

Estrategia regional

Junio 14, 2019 - 11:35 p.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Cali merece un propósito importante. Debe formular estrategia, ganar autonomía para materializarla, asumir sentido crítico para corregir lo pertinente, y perseverar. No puede rendirse a la mediocridad a que la someten sus administradores. Debe descubrir su potencial y volverlo realidad.

Para ello sus habitantes debemos pensar en grande, de manera que la ineficacia de las instituciones públicas nacionales no nos arrastre. Podemos ser diferentes; no es preciso resignarnos a la mediocridad imperante. Debemos entender nuestro papel como la ciudad hermana de Buenaventura, y orientarnos a la cuenca del Pacífico con toda la intensidad que podamos allegar. Se trata de cambiar la actitud, y construir sobre lo que ya está en curso.

La gestión de Maurice Armitage en seguridad ha sido insuficiente; la traída de un experto fue tardía y aún no se puede emitir juicio final, pero la reducción de la tasa de homicidios a 40 por cada cien mil habitantes cuando el país está cerca de 20 no permite cantar victoria. En materia de movilidad, la obstinación en descubrir soluciones simplistas ha sido obstáculo para que el sistema de transporte masivo deje de ser la solución para quienes no tienen alternativas y pase a ser la mejor para todos.

La planificación de largo plazo ha brillado por su ausencia. En contraste, hay avances importantes en lo relacionado con la calidad de la educación pública municipal, que se deben consolidar y trascender. La mayor debilidad, sin embargo, ha sido la ausencia de construcción de cimientos para un futuro mejor.

Cali debería ser, con su puerto hermano, la ciudad más importante del país. El Valle debería explorar espacios diferentes de la agricultura, sometida a los azares de la política macroeconómica desordenada de nuestro país, y concentrarse en actividades de alto valor agregado y comercio internacional con transformación en la península de Aguadulce, donde podría gestarse el desdoblamiento de Buenaventura.

El valle geográfico podría orientarse en buena parte a la vivienda de personas de cuarta edad del primer mundo, y así aprovechar el privilegio del maravilloso clima del que disfruta, que facilita la construcción a costos relativos bajos, y proveer servicios médicos y complementarios en condiciones ventajosas para varios millones de personas. Las ciudades intermedias pueden encontrar destino fácil en esta estrategia, y vacunarse así contra los riesgos de declive de la demanda por sacarosa y de los precios bajos del etanol a partir de la caña.

Cabe aclarar que los interrogantes no significan el fin de la industria azucarera, pero abordarlos exige percepción diferente para la cadena de valor más importante de la economía regional, con foco en la eficiencia del clúster como un todo, para competir con otros clústeres azucareros del mundo en condiciones ventajosas, con más valor agregado.

El reto de pensar de manera diferente es la razón de ser de la dirigencia pública y privada. Los inversionistas de capital tienen compromiso de largo plazo, y deben construir visión compartida para presentársela a los dirigentes políticos, con argumentos de beneficio general. Es fácil hacerlo. El tiempo es oro. ¿Por qué esperar?

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