Dividir a Cali

Dividir a Cali

Octubre 09, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Dividir a Cali para cumplir con lo establecido por la ley que convierte al municipio en Distrito es un gran reto para la administración de Maurice Armitage; no está predefinido el número de localidades, pero sí la regla para remuneración de los ediles.

Es evidente la oportunidad de conductas corruptas con la bandera del cambio. Algunas personas interpretan el criterio de homogeneidad que establece la normatividad como número de personas más o menos igual.
Otras han propuesto que a cada cuenca hídrica corresponda una localidad, al menos en lo rural. Lo cierto es que no se debe fracturar la comunidad ni obstaculizar la prestación de los servicios de educación, salud, movilidad y demás a cargo de la administración municipal, ni limitar los ámbitos de la iniciativa.

Además, se debe reconocer que el marco privilegiado para las relaciones del Distrito con el Gobierno Nacional en lo relacionado con lo empresarial, lo cultural, lo turístico, lo deportivo y lo ambiental no se puede circunscribir a ninguna localidad; por el contrario, debe desembocar con urgencia en la solución obvia que ofrece el ordenamiento jurídico de Colombia: la formalización de área metropolitana, que incorpore a los municipios conurbados con Cali. Hay 100 mil personas en Yumbo, otras 150 mil en Jamundí, otras casi 100 mil conurbadas entre Candelaria y Palmira, y 2,5 millones en Cali. En total somos del orden de tres millones de personas.

La ley ordena dividir el Distrito en localidades y establecer juntas; además define la remuneración de los ediles, arcaico nombre de origen romano asignado a los miembros de las juntas, y su número. La organización puede ser costosa y su beneficio no es claro. Sin embargo, como la ley ya se aprobó, sin que las autoridades locales y la comunidad de Cali hiciéramos el debido estudio, hay que ponerla en práctica con inteligencia.

Queda poco menos de un año para hacerlo. Lo obvio sería definir lo rural y lo urbano como criterios que atienden la norma. Sin embargo, lo rural en Cali comprende dos ámbitos diferentes, la loma y el borde del río, al sur del casco urbano. Lo urbano se debería revisar con cuidado, para que los recursos asignados a los Fondos de Desarrollo Local, que sumarán 10 % de los ingresos corrientes, se asignen en forma articulada, con foco en vecindarios más que en las localidades agregadas, de manera que la atención a lo específico no divida la ciudad: ella debe ser toda de todos.
También será decisivo que la sobretasa ambiental, 25 % del impuesto predial, se use con criterios consistentes con la visión integral del entorno: los linderos de Cali no coinciden con rupturas naturales, salvo el divorcio de aguas entre la cuenca pacífica y el valle geográfico del Cauca, al occidente. Es evidente la necesidad de tener en cuenta a la naturaleza por encima de los propósitos de los políticos.

Dividir el municipio puede conducir a la formalización de ghettos. Por eso es preciso que los líderes de todos los estamentos acompañen a Alejandro Becker, caleño que regresa tras servicio a la administración pública del orden nacional para apoyar la transformación en Distrito, en la búsqueda de la fórmula adecuada. ¿Qué pensará el Alcalde?

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