A fe mía

A fe mía

Septiembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La religión es un respetable conjunto de creencias. La fe es una experiencia personal que cualquiera tiene derecho a experimentar. Pero ni la fe ni la religión pueden ser obligatorias. Mucho menos imponer sus postulados a la sociedad. La Iglesia no es el Estado y al Estado no hay que recortarlo para que encuentre acomodo en las escrituras sagradas.Los fervorosos creyentes, con los riesgos que ello conlleva, pueden incursionar en la política como todo ciudadano que cumpla los requisitos de ley. Lo que no pueden es usar, como lo hace Viviane Morales, las herramientas del Estado y de la civilidad para moldear la sociedad según sus dogmas.Ella es persona recta y de principios. Es luchadora valerosa y fiel a sus ideales. Pero, como senadora, está para servir a la sociedad. En su vida privada rige la Biblia; en su oficio, no. Morales fue elegida para aplicar la ley, aunque no encaje a satisfacción con la ley de Dios. De su Dios.Yolanda Ruiz, una de las periodistas más serias y equilibradas de este país le recordó a la senadora esta semana, en columna de El Espectador, que su restrictivo concepto de familia no hace más que agredir a muchos colombianos. “Las familias son diversas, no hay un modelo perfecto. Buscarlo o pretender establecerlo por ley o por el peso de las mayorías es un acto que discrimina”, escribió Ruiz. “Llama la atención que la idea venga de quienes se inspiran en una religión que tiene como mandamiento fundamental el amor, porque la familia ideal es precisamente la que garantiza a los niños amor, seguridad y buenas condiciones para crecer”.La senadora debería estar trabajando, más bien, en que muchos niños tengan un hogar que les brinde amor y oportunidades. En un país que es eficiente fábrica de violencia, no parece sensato condenar a tantos niños (con el argumento de defenderlos) a duros años de estancia en orfanatos y hogares de paso. Miles de colombianos, que a Morales le parece que no cumplen los requisitos para ser padres de postín, podrían brindarles a estos menores un futuro distante de la soledad, de las privaciones y, finalmente, del delito.El otro camino es que la discusión se haga con las cartas sobre la mesa y sin recurrir a circunloquios. Que la senadora nos confiese que íntimamente cree que los homosexuales son impuros, que son una especie de mutación malsana, que son repugnantes y que, por todo eso, es un peligro dejar niños a su cuidado. Y ya sabríamos a qué atenernos. Sería un camino serio. Por lo menos más que aquel de graduar como protagonistas del “terrorismo mediático” a quienes pretenden hacerle caer en la cuenta de la manera en que atropella a su prójimo.La separación de la Iglesia y el Estado pretende salvaguardar a la sociedad civil de terminar regida por los miembros del club de la fe, que tienen normas que no pueden ser camisa de fuerza para los particulares sin membrecía.Senadora Viviane: Dios es amor. No limite el concepto de amor como pretende hacerlo con el de familia.Ultimátum I. El senador Iván Duque llama la atención sobre una frase del acuerdo de paz que dice: “Reincorporación de las Farc-Ep a la vida civil -en lo económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses”. Eso de que las cosas se harán de acuerdo con los “intereses” de la guerrilla está seis veces en el texto final. ¿Alguien sabe cuáles son esos intereses?Ultimátum II. Vinieron a darse cuenta en el Partido Conservador de que había dudas contables con Marta Lucía Ramírez sólo cuando ella los cuestionó como colectividad. Ética de oportunidad.Sigue en Twitter @gusgomez1701

VER COMENTARIOS
Columnistas