Trump se ha ido

Trump se ha ido pero la ceremonia de posesión de Biden no deja de ser una celebración amarga, llena de dudas sobre el futuro de la democracia liberal.

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22 de ene de 2021, 11:55 p. m.

Actualizado el 18 de may de 2023, 02:59 p. m.

Trump se ha ido pero la ceremonia de posesión de Biden no deja de ser una celebración amarga, llena de dudas sobre el futuro de la democracia liberal. No se trata de la apología al Partido Demócrata, a las ideas progresistas, o de un repudio a las ideas conservadoras de los republicanos. Trump estiró la cuerda de la manipulación de las emociones de la sociedad estadounidense e hizo evidente sus quiebres más profundos.

Trump no era un blanco ido a menos del medio oeste que veía cómo el viejo Estados Unidos que conocían, donde era posible ser clase media sin mayor esfuerzo, se evaporaba. Mucho menos era un ‘Redneck’ (cuello rojo en inglés, lo que equivale a blanco pobre trabajador) de los estados del sur. Era un millonario de Nueva York que no puede evitar su desprecio por esos blancos perdedores. Pero supo interpretar sus frustraciones para ser presidente.

No solo las frustraciones por sentirse que van en picada al foso de la historia. También pesaron las frustraciones por la incapacidad de una élite política, autocomplacida con su visión progresista del mundo, de interpretarlos y de ofrecerles un espacio en la sociedad que imaginan y que compiten por liderar. ¿Alguno ha pensado qué hacer con el machismo de los rancheros y los viejos protestantes, el hambre de carne de los vaqueros, la necesidad de tener un salario decente así sea trabajando en minas de carbón o de lo que sea que ensucie el aire, el agua y la tierra? ¿Hay un lugar digno para ellos en el nuevo mundo de lo que las élites progresistas consideran mejor?

Está bien, Trump se ha ido pero el país sigue roto y no pareciera que Biden, ni los Clinton, ni los Obama tengan algo que ofrecerles para cerrar las brechas. No es fácil. Es muy complicado imaginarse un discurso político capaz de conciliar el feminismo, el veganismo y demás ‘ismos’ de lo políticamente correcto con los valores y creencias de quienes se quedan rezagados por razones principalmente económicas. ¿Cómo puede un líder político ofrecerle un futuro en una misma sociedad a una profesora feminista y vegana de un campus universitario y a una familia mormona de un rancho en Utah?

Y es algo que debería preocuparle al resto del mundo. Sobre Estados Unidos y el futuro de su política cae gran parte del peso de la democracia liberal en un escenario internacional donde los autoritarismos han sabido adaptarse y volver a plantear la pelea. China va camino a convertirse en la principal economía mundial y Rusia es el gran proveedor de recursos naturales. El liderazgo político de sus dos autócratas, Jinping y Putin, es incuestionable. Han podido mantener a Venezuela en el patio trasero de Estados Unidos y cada vez es mayor la tentación de líderes políticos por optar hacia una salida autoritaria. El populismo es ahora el botón de emergencia para reproducirse indefinidamente en el poder. Y, sin un Estados Unidos que haga contrapeso, será mayor el riesgo de que aprieten el botón. Europa y el resto de democracias solas pesan mucho menos.

La apuesta no es solo económica. De hecho, los autoritarismos, a diferencia de las economías planificadas de la época soviética, pueden ser viables si se trata de sostener la producción. Lo más valioso que está en juego son las libertades básicas de los individuos y el control de la sociedad sobre el Estado. De eso se tratan los años que vienen.
En las manos de Biden está pues sanar las fracturas.

Sigue en Twitter @gusduncan

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