Escuchar este artículo

Los cambios en Semana

Noviembre 13, 2020 - 11:55 p. m. Por: Gustavo Duncan

La adquisición de Semana por el grupo Gilinski fue una movida que rompió los esquemas de apropiación por los grandes grupos económicos de la prensa en el país. Sarmiento Angulo y Santo Domingo compraron El Tiempo y El Espectador pensando más en un medio desde donde ejercer influencia política que en un medio para producir ganancias económicas. Incluso han estado dispuestos a continuar funcionando a pérdidas durante largos años.

Por eso, han respetado las formas tradicionales del periodismo de estos medios. La línea editorial y los periodistas que manejaban la línea se mantuvieron. Las intervenciones de los ricos propietarios eran puntuales, pretendiendo ser sutiles, y obedecían a temas muy concretos de su interés político y económico.

Gilinski, por el contrario, apuesta porque Semana se convierta en un medio rentable. Y la apuesta implica transformaciones radicales de la línea editorial, de los formatos de las noticias y del manejo de la distancia entre quienes transmiten las noticias y sus posiciones políticas.

No son transformaciones caprichosas. Responden a las exigencias propias de un mercado de la información que pasa por una revolución tecnológica. La conectividad, la instantaneidad, los micrófonos y las cámaras disponibles por toda la población y, sobre todo, las posibilidades de interacción y difusión desde las redes sociales, demandan nuevos formatos para captar el público y para financiar el oficio del periodismo.

El tráfico en internet ha suplido al rating como indicador de participación en el mercado y, no solo eso, la venta directa de publicidad como fuente de ingreso va más temprano que tarde a ceder su papel principal frente a la venta de datos sobre quienes consultan el medio. Es parte del proceso de construcción de una nueva economía basada en algoritmos e inteligencia artificial.

El nuevo formato para incrementar el tráfico implica que la presentación de noticias no se limite al texto tradicional de los reporteros y a los análisis desapasionados de periodistas que intentaban limitarse a la presentación de los hechos. La presentación fácil y resumida de las noticias en videos y audios, la explotación de las emociones políticas a través de debates airados entre contrarios y la defensa de posturas políticas muy definidas son las nuevas tendencias que marcan el mercado.

La llegada de Vicky Dávila a la dirección de Semana es evidente que apunta a eso. Y, hasta el momento, en términos de conseguir tráfico ha sido un éxito. Ahora bien, hay un debate muy válido si ese tipo de periodismo deteriora la calidad de la información y si la adopción de una línea política, evidentemente uribista y de derecha, es nociva para la sociedad.

Sobre lo primero habría que decir que el problema no es que Vicky cambie sino que el periodismo de investigación tradicional lo haga. Se adapte a los nuevos formatos y a las nuevas exigencias. Esa es la manera más efectiva de contrarrestar lo negativo que tenga su trabajo. Coronell, por ejemplo, lo ha logrado con su nuevo medio Los Danieles. Hay alternativas.

Lo segundo sí es más complicado porque se asume que no existía un sesgo ideológico en los periodistas tradicionales de Semana. ¿Quién duda que Coronell es antiuribista y María Jimena Duzán de izquierda? Y eso no está mal. Lo malo es que desde una postura de superioridad moral se pida que el resto de periodistas no tengan sesgos.

Sigue en Twitter @gusduncan

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS