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¿Fue Nixon?

Junio 18, 2021 - 11:55 p. m. 2021-06-18 Por: Gustavo Duncan

Se cumplen 50 años de la declaración de la guerra contra los drogas por el presidente Richard Nixon. Numerosos analistas toman la fecha como la decisión política que llevó a Colombia a padecer uno de los períodos más violentos de su historia.

La autoindulgencia es una buena forma de hallar alivio ante hechos dolorosos, sobre los que nos caben grandes dosis de responsabilidad por las acciones propias. Ciertamente el narcotráfico partió en dos la trayectoria del conflicto. Sin los excedentes del mercado mundial de cocaína ni guerrillas ni paramilitares hubieran dispuesto de los recursos suficientes para escalar la guerra hasta donde la llevaron. Tampoco hubieran dispuesto de amplias regiones y comunidades con economías organizadas alrededor de los ingresos de las drogas donde establecerse como estados alternos, lo que fue el gran resorte de su poder político.
Pero es difícil sostener que la manera como se arraigó el narcotráfico en el conflicto colombiano y alteró su trayectoria hacia un peor escenario posible haya sido una consecuencia directa de la decisión de Nixon.

Ante todo la tragedia colombiana fue consecuencia de otra circunstancia: del auge de la cocaína como droga recreativa en la década de los 70. Dentro de los nuevos mercados que surgieron con las transformaciones del consumo fordista al posfordista, en que lo importante ya no era solo el consumo material sino de experiencias y sensaciones, la cocaína ocupó un espacio importante. Ahora no era solo la diversión de algunos excéntricos sino parte del consumo popular en Estados Unidos.

La pregunta no es entonces si Colombia pagó el precio de la guerra que declaró Nixon. Más bien es si, desde entonces, la cocaína hubiera sido un producto legal, regulado por el Estado, y disponible a precios de mercado exentos de sobrecostos por riesgos del tráfico ilegal, se hubiera evitado que los grupos armados en Colombia contaran con recursos suficientes para escalar una guerra insurgente latinoamericana a otro nivel de enfrentamiento que mezclaba la dinámica Estado vs guerrillas con carteles, señores de la guerra, corrupción masiva, etc. En ese sentido, la decisión de Nixon pareciera menos influyente. La historia demostró que los demás presidentes así no hicieran tanto hincapié en la guerra contra las drogas, no iban a dar un paso hacia la legalización de la cocaína, la droga que surtía de recursos la guerra en Colombia.

Otra cuestión que se deja de lado, apelando a la autoindulgencia, es que el Estado colombiano cuando se involucró en la guerra contra las drogas lo hizo pensando más en la contrainsurgencia como tal que en una guerra dirigida a reducir los flujos de drogas hacia Estados Unidos. Antes de Pablo Escobar poco hacía el Estado para enfrentar a los narcotraficantes. Incluso, después de que lo dieran de baja, la campaña de un presidente fue infiltrada por el Cartel de Cali y una disidencia del Cartel de Medellín creó las AUC. En el proceso muchos militares fueron acusados de tener vínculos con los paramilitares.

El objetivo primordial del Estado estuvo en derrotar a la guerrilla, dejando de lado el problema paramilitar, para establecer algún tipo de monopolio de la fuerza. Este objetivo siempre ha estado por encima de la guerra contra las drogas y en eso se ha tenido mucho éxito. No es casual que el país esté inundado de coca y la amenaza al Estado sea la menor en décadas.
Sigue en Twitter @gusduncan

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