De nuevo el terror

De nuevo el terror

Enero 18, 2019 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Duncan

El atentado a la Escuela General Santander de la Policía revive los momentos más aciagos del terrorismo en Colombia y recuerda que aún hay un trecho para consolidar una verdadera paz en el país. Sin embargo, el episodio no puede llevar a la opinión a desconocer los enormes avances logrados en términos de reducción de la violencia, las limitaciones en capacidad de generación de daños que tienen las organizaciones armadas actuales y el hecho de que no existe ninguna organización como las Farc en condiciones de plantear una guerra hacia la toma del Estado Central. No es cualquier cosa lo que se ha logrado.

No obstante, el atentado es un mensaje contundente al nuevo gobierno sobre la necesidad de replantear la agenda y los planes de política pública en materia de seguridad y de negociaciones de paz. Ante todo, si se corrobora que el autor fue el Eln el proceso de paz con esta guerrilla sería inviable en el mediano plazo. Sería también una demostración de su torpeza política y de la desconexión de su dirigencia con la actual realidad del país y del mundo.

Con un atentado de las magnitudes y circunstancias del de esta semana no le queda otra opción distinta al gobierno de Duque que cerrar cualquier acercamiento con el Eln. Ya no es que se vea presionado por la línea dura del Centro Democrático, es que el país entero le exige que desista ante la ausencia de cualquier buena voluntad de los elenos. En las regiones continúan secuestrando, extorsionando, disputando a sangre y fuego el narcotráfico, etc., con lo cual tampoco es que pueda achacarse al atentado contra la Policía como un hecho aislado. Es, más bien, la culminación de todas unas agresiones que en vez de posicionarlos como un actor poderoso en la mesa de negociaciones, los posiciona como un actor ilegítimo para negociar.

De hecho, el proceso de paz con el Eln en sus contenidos no debería ser muy complicado. Lo obtenido por las Farc en la mesa de La Habana marca un nivel muy alto y generoso para las aspiraciones del Eln. Más allá de eso sería improcedente porque es de lejos una guerrilla mucho más débil que las Farc. A lo máximo podrían reclamar por el incumplimiento y las falencias en la implementación de algunos aspectos de los acuerdos.

El problema en realidad arranca en que el mando del Eln que vive en Cuba y Venezuela está poseído por una visión fantástica sobre las posibilidades a futuro de una revolución en Colombia como la imaginaron hace cuatro décadas. Por más que un gobierno quiera ser generoso, la sociedad no aceptaría las exigencias del Eln en cuanto a reformas políticas y cambios en la estructura social y económica porque no están basadas en las convicciones de amplios sectores y porque son el producto de dirigentes cuya única legitimidad se desprende de unos ejércitos fragmentados que funcionan cada vez más como crimen organizado en la periferia y menos como una insurgencia con pretensiones de toma del poder. Están entre el delirio de los orates revolucionarios y la codicia de los señores de la guerra.

La otra posibilidad es que la bomba haya sido una advertencia del crimen organizado que se está reconfigurando a raíz de las disidencias de las Farc, el patrocinio de los mexicanos para garantizarse los flujos de cocaína desde zonas de producción y las disputas de las Bacrim. Sería una tragedia pero no pareciera factible que los criminales quieran echarse esa guerra encima.

Sigue en Twitter @gusduncan

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