Desde Venezuela

Octubre 05, 2022 - 11:45 p. m. 2022-10-05 Por: Gustavo A. Orozco Lince

En Venezuela, el chavismo ganó las batallas y ganó la guerra. Después de pasar varios días acá, concluí que las perspectivas de cambio son pocas. La gente ya no parece querer luchar por un país políticamente diferente y, mientras tanto, el régimen eficazmente muta para auto protegerse y perpetuarse.

Los venezolanos están resignados. El sistema ha sido extremadamente efectivo en destruir la oposición a través de la división y las rencillas internas. Ha sido igualmente exitoso en contener la esperanza de que un cambio con mayor democracia es posible.

Venezuela, creo yo, imitará cada día más al modelo chino. La libertad económica con lógicas capitalistas de acumulación de capital, propiedad privada, comercio internacional y acceso a divisas, no van de la mano de la libertad política. Eso lo entendieron los chinos y lo está aplicando Maduro.

El régimen venezolano entendió que liberalizar la economía le reduce la presión y apaga el descontento que amenaza su poderío. Mientras la gente no vuelva a sufrir otro apagón de semanas, mientras haya papel higiénico y aceite en las góndolas, mientras puedan trabajar y hacer negocios, se merman los deseos y la necesidad de un cambio político.
Después de 23 años, ya la gente solo quiere que la dejen vivir tranquila. Preocuparse por quien se sienta en el Palacio de Miraflores es una preocupación tan fantasiosa que mejor ni hacerlo.

Los venezolanos hoy no parecen querer luchar por algo incambiable. El régimen hará lo que pueda, con pan y circo, para dar la tranquilidad necesaria para mantenerse como la única opción. La vida todavía hoy es incómoda, con problemas de agua, de energía, con ciudades congeladas en el tiempo y un sistema de salud con insumos escasos, sí. Pero hace cinco años estaban peor.

Maduro, dicen muchos, ha mejorado la situación y por eso ya no hay ni una masa crítica para salir a protestar. Los chavistas son cada vez menos y son minoría. Pero con una oposición dividida, eternamente confrontada y una población desesperanzada, esa minoría roja alcanza para ganar una y otra vez.

El populismo, el crimen y el autoritarismo no necesitan robar elecciones para treparse y aguantar. No le escuché a una sola persona hablar de fraude electoral como la explicación de su realidad. Matar la esperanza, comprar conciencias y lavar mentes alcanza para ganar y atornillarse. Con cualquiera de esos tres, los votos alcanzan y sobran.

Usar el sistema, con tácticas de alguna de esas sombrillas, es quizás la forma más inteligente de perpetuarse. Después de eso, con una buena chequera las herramientas abundan para lograr continuar. Conocer Venezuela desde adentro es fundamental para Colombia para no vivir solo con el susto de un coco desconocido. Entre otras razones, porque para evitar el camino de un fiasco similar al de nuestro vecino necesitamos reconocer que la puerta puede estar en cualquiera de los puntos cardenales.

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