Oasis

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Abril 24, 2019 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

En 1831 murió un en el Japón un sabio y poeta zen llamado Ryokan, quien también fue un eminente calígrafo.

Aún hoy son muy apreciados los poemas y dichos de este hombre bondadoso, alegre y compasivo.

Vivió solo en las montañas, pero también iba a las aldeas, jugaba con los niños y siempre irradiaba amor.

“Cuando Ryokan viene a visitarme es como si la primavera hubiese llegado”, dijo uno de sus amigos.

Y esa misma persona agregó algo que ojalá digan de ti: “Es puro por naturaleza y carece de duplicidad y de mañas”.

Cuentan que nunca se enojaba ni permitía que se criticara o juzgara a los demás en su presencia.

En cierta ocasión un rico samurai le ofreció un templo y él le escribió en una hoja: “El viento me regala suficientes hojas para hacer un fuego”.

El samurai entendió y se fue con una hermosa lección del desapego que da paz y una libertad maravillosa.

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