La trampa del ingreso medio

La trampa del ingreso medio

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

En los últimos 100 años, la población colombiana se multiplicó casi 10 veces, de unos 5 millones de habitantes a más de 47. No obstante el rápido crecimiento de la población, el ingreso del colombiano promedio se multiplicó por 9 en el mismo lapso. Esa expansión económica produjo ingentes mejoras en el bienestar de las personas. En la década de los 30, la expectativa de vida al nacer en nuestro país era de 32 años, hoy es de 74. Entonces, uno de cada 6 niños moría antes de cumplir los 5 años, hoy ‘sólo’ muere uno de cada 70. A pesar de nuestros múltiples problemas, vivimos muchísimo más y mejor que nuestros tatarabuelos.Pero ese crecimiento económico que apuntala el bienestar no es un suceso fortuito o natural. De hecho es un fenómeno muy reciente en la historia humana. Por miles de años y hasta la revolución industrial de mediados del Siglo XVIII en Europa, la tasa de progreso económico y social era infinitesimal. La inmensa mayoría de las personas acaso alcanzaban el nivel de subsistencia y no tenían razón alguna para pensar que el porvenir de sus hijos y nietos sería mejor. En Colombia el quiebre de tendencia no se materializó sino hasta el Siglo XX. El fallecido historiador económico Angus Maddison calculó que el (precario) ingreso por habitante en nuestro país al momento de la Independencia cayó desde 1820 hasta 1850. Tras recuperar terreno y avanzar entre ese año y 1870, se volvió a estancar casi hasta 1910. El Siglo XIX, que fue el del despegue para Europa, los Estados Unidos y países como la Argentina, fue un siglo perdido para Colombia en materia de desarrollo. Si el crecimiento per cápita de nuestra economía hacia adelante se asemejara al promedio alcanzado en los últimos 100 o 50 años (un poco más del 2% anual), nos demoraríamos hasta 2050 para tener el nivel de vida actual de un país como Grecia. En cambio, si lográramos mantener la tasa promedio de crecimiento de la última década (3,5% por año), llegaríamos a ese nivel en 20 años y en 2040 alcanzaríamos un desarrollo similar al que hoy tiene España.La buena tasa de crecimiento de los últimos años se logró con una mezcla de esfuerzo (mayor seguridad, estabilidad macroeconómica, etc.) y buena suerte ( altos precios del petróleo, ‘dividendo demográfico’, etc.) La gran incógnita es si la lograremos sostener (o incluso aumentar) o si caeremos en la llamada “trampa del ingreso medio”.Muchos países que han fundamentado su desarrollo en recursos naturales, mano de obra barata y acceso a capital no han podido hacer la transición a un crecimiento basado en innovación y alta productividad. Quedan atrapados entre países más pobres con menores costos y otros más ricos que ofrecen mayor valor agregado. En nuestra región, los ejemplos de Venezuela, que hoy tiene el mismo ingreso por habitante que en los 50, y de Argentina, que ligeramente supera el que alcanzó en los 70, son ejemplarizantes.Las naciones que han logrado romper esta trampa, como Corea del Sur -que hasta los 70 era más pobre que Colombia y logró aumentar su ingreso por habitante a una tasa del 5,9% anual en los últimos 50 años- lo han hecho con base en fuertes inversiones en infraestructura y, sobre todo, en educación. Sin un sistema educativo de alta calidad, no podremos dar el salto a productos y servicios de alta tecnología. Por extraño que parezca, ya Colombia recorrió la parte ‘fácil’ de la curva del crecimiento; recién ahora comienza el terreno inclinado. Hacer más de lo mismo no resultará suficiente.

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