La telaraña

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La telaraña

Julio 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada por mí”.En 1993, el desempleo en Colombia era 7,8% y el subempleo 10,7%, para un total de 18,5%. Al cierre de 2012, el pésimo modelo económico de apertura hacia adentro que sufrimos desde ese entonces ha elevado esos indicadores a 10,4%, 32,4% y 42,8%, respectivamente. ¡De 18,5% a 42,8%, casi la mitad de la fuerza laboral, sin empleo formal, en sólo 20 años! Nada más en 2012, mientras el sector financiero, que se llevó $39,7 billones en utilidades, empleó un total de 256.000 personas, en el sector manufacturero se perdieron 250 mil empleos y en el agro 171 mil.Lamentablemente, el segundo corolario de la ley de Murphy enseña que “toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorarse”, y eso pareciera ser lo que este perverso modelo económico nos deparará en cuanto a generación de empleo. Las dos últimas décadas fueron pésimas, pero es previsible que lo venidero será peor. Para eso están los innumerables TLC que sin ton ni son -y sin estudios serios ni participación ciudadana- se están firmando en forma tan acelerada como irresponsable.Con ellos se está urdiendo una telaraña que acabará por atrapar a virtualmente todo el aparato productivo colombiano. Si los lecheros creyeron que se salvaron del TLC con EEUU, el de la Unión Europea los quebrará. Y si los azucareros y los paneleros creyeron que esos dos no les harían daño, está el de Mercosur para atacarlos. Y si los fabricantes de autopartes pensaron que estaban a salvo de esos tres, el de Corea los alcanzará. Y así sucesivamente, uno tras otro, todos los sectores productivos se tropezarán con un TLC en el que se pactó su asfixia, si no su desaparición. La cercanía y gravedad del peligro son tales que ya hasta los empresarios, tan ocupados ellos en sus negocios, están empezando a darse cuenta de lo que se les viene encima. Todos en el agro, desde los arroceros o los cañicultores hasta los avicultores o los ganaderos, y todos en el sector manufacturero, desde los siderúrgicos hasta los zapateros, claman hoy por ayuda estatal para sobrevivir ante la amenaza de los TLC que apenas ahora reconocen, y piden que, por lo menos, retrasen sus inicios. Lo malo es que cada uno chilla por su lado, y no se dan cuenta de que el suyo es parte de un problema general, fruto de un torcido modelo económico que los condena para privilegiar a los extranjeros y enriquecer ilimitadamente a unos pocos sectores, en especial al financiero. La amenaza no debe ser enfrentada pidiendo ayudas y plazos que nunca serán suficientes para emparejar la lucha desigual a la que están sometidos, sino actuando unidos para cambiar un modelo que ha traído a Colombia el mayor desempleo en la región.Si continúan su silencio ante lo que les sucede a los otros, buscando solamente negociar individualmente su salvación, les va a suceder, como al pastor alemán Martin Niemöller, encarcelado por el régimen de Hitler de 1937 a 1944, citado al inicio de esta columna al referirse a la persecución nazi, que cuando les llegue el turno de cerrar, ya no quedará nadie que diga nada por ellos. Los TLC vendrán por todos.

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