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El Valle pierde peso en Colombia
El Valle del Cauca está perdiendo peso en Colombia. No es una percepción, es una tendencia medible. Y lo más preocupante: está ocurriendo en silencio.
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1 de abr de 2026, 01:03 a. m.
Actualizado el 1 de abr de 2026, 01:03 a. m.
Desde su creación en 1910, el Valle del Cauca ha sido uno de los grandes motores económicos del país. Sin haber elegido un presidente propio —aunque sí uno encargado— ni contar con una representación sostenida en los más altos niveles del Gobierno Nacional, la región logró consolidar un liderazgo basado en su capacidad productiva, su tejido empresarial y su vocación de desarrollo.
Sin embargo, ese liderazgo hoy se está debilitando. El Valle del Cauca está perdiendo peso en Colombia. No es una percepción, es una tendencia medible. Y lo más preocupante: está ocurriendo en silencio.
Un primer síntoma claro es la pérdida de peso político hacia 2026. En la Cámara de Representantes, el Valle mantiene sus 13 curules que le corresponden. Pero en el Senado, donde la competencia es nacional, la representación ha venido cayendo: pasamos de 12 senadores en 2018 a 10 en 2022, y en 2026 tendremos solo 9. En total, el Valle contará con 21 congresistas, muy por debajo de departamentos como Antioquia, que suma 28. Mientras tanto, la región Caribe concentra 31 senadores, consolidándose como uno de los bloques más influyentes del país.
Y esto importa. Porque Colombia sigue siendo un país profundamente centralista y presidencialista. Las grandes decisiones de inversión, los proyectos estratégicos y la asignación de recursos se definen desde Bogotá. En ese contexto, el peso político regional sí incide —y mucho— en las agendas legislativas y presupuestales.
Pero la pérdida de peso no es solo política. También es económica y fiscal. El Valle del Cauca aporta cerca del 10 % del PIB nacional y, si se consideran los impuestos y contraprestaciones asociados a su actividad productiva, su contribución al gobierno central puede acercarse al 12 %. Sin embargo, la región recibe menos del 5 % del presupuesto nacional.
Entre 2023 y 2026, la participación proyectada del Valle en la inversión nacional es de apenas 4,9 %, por debajo del 5,5 % en el gobierno Santos II y del 5,3 % en el gobierno Duque. Y lo más grave: no solo llega menos inversión, sino que se ejecuta peor. El porcentaje comprometido —es decir, el que se traduce en contratos y obras— cayó de niveles cercanos al 100 % a apenas el 80 % entre 2023 y 2024, uno de los peores desempeños de la última década.
En este siglo, en el Valle solo se han ejecutado dos grandes obras con recursos nacionales: el MÍO y el Jarillón de Cali. Entre 2012 y 2022, el departamento recibió apenas el 3 % de la inversión nacional en infraestructura. Y en el gobierno actual, lejos de corregirse, esta tendencia se ha profundizado. Hoy se ejecutan principalmente proyectos adjudicados en el gobierno anterior —financiados en buena parte con peajes y sin nuevos recursos nacionales—, mientras iniciativas estratégicas siguen estancadas: Mulaló–Loboguerrero, la modernización del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, el dragado de Buenaventura y los proyectos férreos.
A esto se suma la falta de una visión nacional que entienda el papel estratégico del Valle, mientras los problemas sociales, de educación y seguridad se agravan ante la ausencia de inversión sostenida. Las consecuencias son claras: crecimiento por debajo del potencial, deterioro en la calidad de vida y un avance lento en lo social. Esto, además, alimenta la indignación ciudadana, que muchas veces es aprovechada para promover narrativas de odio, lucha de clases y discursos antiempresariales.
Sería un error quedarnos en la queja. El Valle debe romper ese círculo vicioso. Y para hacerlo, debe asumir su responsabilidad: superar la fragmentación, consolidar una voz unificada y construir una agenda común que defienda sus intereses en el escenario nacional, de modo que los recursos regresen en forma de infraestructura, conectividad, seguridad y oportunidades.
Nuestra región tiene todo para liderar. Lo que ha faltado es articulación, visión conjunta de largo plazo y liderazgo colectivo.
Por eso, el llamado es claro: los congresistas del Valle deben actuar como bancada regional, más allá de sus diferencias ideológicas o partidistas. El desarrollo del departamento no puede seguir supeditado a cálculos políticos individuales. El reto es recuperar el peso político, económico y estratégico del Valle en Colombia.
Y la pregunta es inevitable: ¿estará este nuevo Congreso a la altura de ese desafío?
@edwinhmaldonado
economista con maestría en políticas públicas, actual director del Comité Intergremial y Empresarial del Valle
6024455000






