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El testimonio de la Ferrer y la Alcocer
Un investigador ducho, que los hay, puede verificar los dichos testimoniales y los hechos y la justicia, hoy tan desacreditada, y producir resultados positivos y sanciones.
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16 de oct de 2026, 12:42 a. m.
Actualizado el 16 de oct de 2026, 12:42 a. m.
Lo sostenido ante un medio de comunicación por la española Eva Ferrer -hoy nacionalizada colombiana por la señora Verónica Alcocer-, por sí mismo, es una prueba testimonial contundente. Y se nota allí que ella siente miedo ante un enemigo inescrupuloso y criminal que conoce bien, según lo narra y se comprueba con otras pruebas circunstanciales que debieran obrar por sí mismas.
El testimonio es una prueba poderosa en todo juzgamiento, desde el punto de vista de las pruebas judiciales; y debe ser sometido a un examen riguroso y circunstancial. François Gorphe fue un gran tratadista francés y gran maestro de la crítica testimonial, que todos los que hemos ejercido el derecho como una disciplina profesional hemos estudiado profundamente. De modo que es en su conocimiento en el que apoyo estos comentarios.
Comencemos con unas fotografías -hay varias- en las que se ve a la señora Alcocer, tan poderosa como era, abrazándola con pasión -a la Ferrer- desde atrás o de frente, que también las hay, uniendo su rostro al suyo cerca de una playa o en otras partes, tal como lo harían dos enamoradas, que seguramente lo fueron cuando, por insinuaciones de la entonces Primera Dama, la hizo venir desde España y la volvió colombiana en pocos días, al tiempo que le entregaba el poder interno oficialmente para sus asuntos, incluso manejar dinero y mantener el imperio interior de la Casa de Nariño que ella dominaba. ¡Horror de horrores!
Son tantos y tan complejos los relatos de la Ferrer, que no se escapa la pelea atroz entre la Alcocer y el señor Petro, después de las ocurrencias con una dama -parece que lo era- en Panamá, donde caminaron solitarios cogidos de la mano. La Alcocer era furiosa e impulsiva y parece que se la armó al señor Petro desde hace algún tiempo.
Ella, Verónica, dominaba el ambiente y veía el dinero caminar hacia su alrededor. La historia de su intervención al lado de los llamados ‘verónicos’, entre los que estaba el presidente Roa de Ecopetrol y el billete que viajaba a su bolsillo, tuvo tal dinamismo como cuando viajó sin motivos a Suecia y allá permaneció entre juergas y francachelas, mientras compraban carísimos unos aviones para Colombia. Y dicen que ahora está allá, cuando Petro, por la lista Clinton, la aproximó hasta Cuba en avión ruso y de allí pudo emprender el vuelo hacia su nuevo paraíso sueco, donde parece que tiene un nuevo amor, según los comentarios al vuelo. Y hay algo peor: parece que está comprobado que viajó a Venezuela y entregó a Maduro un ‘encargo’ muy valioso, cuando ella no tenía ninguna representación de Colombia. Y se dice también que recibió el ‘contrapeso’ en dinero que no se puede mostrar; ya se sabe por qué.
No acostumbro hablar mal de nadie sin que las pruebas naden y hablen por sí mismas, que es lo que ahora vivimos, fruto del gobierno anterior. Mas creo que ni la Fiscalía ni la justicia podrían dejar suelto este asunto de la señora Alcocer, sin ir a buscar a la señora Ferrer, temerosa con razón de su existencia en Colombia, sobre todo después de conocer lo que ha contado con pruebas la viuda del joven Miguel Uribe Turbay.
Un investigador ducho, que los hay, puede verificar los dichos testimoniales y los hechos y la justicia, hoy tan desacreditada, y producir resultados positivos y sanciones. Eso esperamos.
Entre tanto, no puedo dejar de recordar que en épocas muy lejanas, cerca de Atenas, había una población pequeña donde llegaban los caminantes a pernoctar en casa de un personaje llamado Procusto. Era malo él, porque al que llegaba lo ponía a dormir en una cama de hierro. Si le sobraban los pies, se los cortaba y, si era muy alto y le sobraba la cabeza, también se la cortaba. Uno de los héroes de aquella Grecia, Teseo, llegó y le aplicó el mismo método al propio Procusto, el que perdió las piernas y la cabeza, como un acto de justicia.
Lo que no podemos hoy es practicar el desconocimiento de la justicia y hacernos los bobos, mientras nos cortan los pies y la cabeza.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra
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