Opinión
El silencio cómplice de Petro
No es precipitado concluir que si Petro no condena lo que ocurre en Venezuela es porque comparte la visión del poder que tiene el sátrapa venezolano
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2 de jun de 2023, 03:48 a. m.
Actualizado el 2 de jun de 2023, 03:48 a. m.
Del pragmatismo a la complicidad. Ese es el paso que han dado, desde que se inició el gobierno Petro, las relaciones entre Colombia y Venezuela.
La mayoría de los colombianos entendió como un acto de pragmatismo que se abrieran las fronteras y se reanudaran las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Que dos países que comparten una frontera de más de dos mil kilómetros no tengan la menor relación es perjudicial para ambos.
Pero con los días, ese pragmatismo inicial de Petro ha devenido en un acercamiento ‘incestuoso’ con el dictador Maduro. Lo que ocurrió en la cumbre de líderes (?) sudamericanos, realizada en Brasil, fue patético.
Comenzando por la ridícula declaración de Luiz Inazio Lula Da Silva, quien no tuvo empacho en afirmar que la tiranía que gobierna a Venezuela, la violación sistemática de los derechos humanos y el apoderamiento de todos los poderes del Estado por parte de Maduro forman parte de una “narrativa” que el dictador y sus secuaces deben “deconstruir”.
Hablando en cristiano, lo que dijo Lula es que todas las denuncias que hay sobre las atrocidades que ocurren en Venezuela son puro cuento.
Fue tan disparatada esa afirmación que dos gobernantes, cuya militancia en la izquierda nadie desconoce, Gabriel Boric de Chile y Luis Lacalle Pou, de Uruguay le cayeron con todo a lo afirmado por Lula.
“No es una construcción narrativa, es una realidad y he tenido la oportunidad de verla en los ojos y el dolor de cientos de miles de venezolanos que están en nuestra patria”, dijo Boric.
Una reacción similar tuvo Lacalle Pou: “Quedé sorprendido cuando se habló de que lo que sucede en Venezuela es una narrativa. Si hay tantos grupos en el mundo tratando de mediar para que la democracia sea plena en Venezuela, para que se respeten los derechos humanos, que no haya presos políticos, lo peor que podemos hacer es tapar el sol con un dedo”.
Estas contundentes posiciones de los gobernantes de Chile y Uruguay contrastan con el silencio cómplice que mantuvo Petro, quien ni siquiera tuvo los pantalones para defender a su cómplice venezolano, como hizo Lula.
No, fiel a su carácter ladino y sinuoso, Petro prefirió callar, en la certeza de que un silencio frente a semejante aseveración tan disparatada era mas elocuente que cualquier afirmación. Y significa que para Petro las recurrentes denuncias sobre lo que ocurre en Venezuela son carreta.
Muy grave, porque esa actitud de Petro frente a la dictadura venezolana demuestra que los peores temores que existen acerca del gobernante colombiano no son ninguna “narrativa”.
No es precipitado concluir que si Petro no condena lo que ocurre en Venezuela es porque comparte la visión del poder que tiene el sátrapa venezolano. Y que ese es el modelo que quiere imponer en Colombia.
Como a Maduro, a Petro no le gustan la separación de poderes, los órganos de control independientes, que le pongan plazo a su permanencia en el poder, y, mucho menos, una prensa que lo critique.
Si a alguien le cabía una duda sobre la intención de Petro de ‘venezolanizar” a Colombia, tras el elocuente silencio de Petro en Brasil, quedó notificado para dónde vamos.
Y eso no es ninguna narrativa.

El único oficio que Diego Martínez ha desempeñado y desempeñará es el de periodista. Reportero desde 1984 y columnista desde 1995, fue fundador del programa radial Oye Cali, colaborador de El País de Madrid y miembro del jurado del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Lideró el equipo que obtuvo ese galardón en el 2008, en la categoría mejor cubrimiento de una noticia. En el 2011, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar al periodista del año.
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