Columnistas
El Pacífico que se va a la basura
Si el 78 % de los municipios colombianos aprovecha menos del 10 % de sus residuos sólidos, sino una decisión que nadie ha querido corregir.
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20 de jul de 2026, 01:32 a. m.
Actualizado el 20 de jul de 2026, 01:32 a. m.
El presidente electo lleva semanas de gira regional, y el Pacífico sigue esperando turno. Cuando llegue, encontrará el mismo libreto, un territorio descrito como abandonado o como despensa exportadora sin explotar, según quién tenga el micrófono. Chocó, Cauca, Nariño y el suroccidente vallecaucano repiten la queja en una discusión facilista que solo reparte culpas entre Bogotá y el clima, que ya bastante tiene con llover siete meses.
Hay una lectura menos explorada cuando se habla de región, y tiene que ver con la economía circular, un concepto que suena a cartilla ambiental, pero pregunta algo muy práctico: cuánto de la madera, la pesca o los residuos portuarios que hoy se desperdician podría transformarse ahí mismo en algo útil, en vez de perderse sin dejar nada detrás. No es un capricho verde ni una moda de cumbre climática; es la diferencia entre exportar materia prima barata y capturar el valor que hoy se regala, sin necesidad de otra locomotora minera ni de un megaproyecto de veinte años.
Esa tercera vía es más simple de medir de lo que parece, porque el problema no es cuánto entra o sale del litoral en toneladas, sino cuánto de eso se queda, pasa por manos locales y termina convertido en algo que la gente pueda usar o vender. Ese es el terreno que mide el indicador de aprovechamiento circular que he documentado en proyectos productivos de varias regiones del país, un cálculo entre lo reutilizado y lo total utilizado, que en experiencias comunitarias ha superado el 35 por ciento sin ayuda estatal.
Aplicado al suroccidente, ese cálculo bifurca una discusión empantanada por décadas. De un lado, el litoral que envía sus recursos afuera sin que nada regrese con valor agregado. Del otro, un territorio que empieza a aprovechar sus propios excedentes, los reincorpora a nuevas cadenas y genera ingresos que antes se perdían en el camino. La distancia entre esos dos Pacíficos no es ambiental, es de diseño institucional, y ahí el presidente electo y las élites regionales tienen una oportunidad que sus antecesores dejaron pasar por pereza conceptual, algo que hoy, bajo su liderazgo, ya no debería esperar.
Esas mismas dirigencias, las que administran regalías, cámaras de comercio y gobernaciones desde hace tres décadas con el mismo diagnóstico de memoria, cargan tanta responsabilidad en esta parálisis como cualquier ministro de paso. El sistema mide ejecución y reporte oportuno de los proyectos, pero no mide qué tanto de lo invertido se queda transformado en el territorio, y esa omisión cuesta caro. Si el 78 % de los municipios colombianos aprovecha menos del 10 % de sus residuos sólidos, y Chocó y Nariño figuran entre los departamentos con más botaderos a cielo abierto, no es un descuido técnico, sino una decisión que nadie ha querido corregir.
Lo que he visto funcionar en proyectos territoriales que he acompañado en América Latina no es otro plan maestro con foto de lanzamiento, es incorporar la métrica circular en instrumentos que existen, fondos de ciencia y tecnología, alianzas público-privadas, para que el litoral deje de valorarse por lo que saca y empiece a valorarse por lo que retiene. Hay experiencias replicables y conocimiento técnico suficiente, siempre que esos liderazgos quieran mirar afuera con la disciplina con que hoy piden recursos hacia adentro.
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Claridades
1) El gabinete presidencial que se perfila luce, en su mayoría, técnico y con trayectoria sólida, algo que se agradece después del cuatrienio perdido. En educación, vivienda y cultura, sin embargo, el criterio parece más programático que técnico, y esos nombramientos no resisten un examen técnico serio. Si esa tecnocracia gobierna también para la otra mitad del país, ahí empieza a quitarle a la izquierda el monopolio del relato del cambio.
2) Colombia instala mañana un Congreso sin mayorías, mientras el país discute si el próximo presidente jura en el Capitolio o en un cuartel. Cuatro años de discurso de cambio terminan sin saber, literalmente, dónde sentarse.
*Consultor internacional @bac.consulting

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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