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Dictadura madura

¿Qué puede hacer una sociedad dominada por un gobierno criminal, abusivo y violento que se perpetúa en el poder?

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

10 de ene de 2026, 12:25 a. m.

Actualizado el 10 de ene de 2026, 12:25 a. m.

Los partidarios de la no violencia no encontramos justificación moral para resolver los conflictos mediante la agresión o la guerra. Pero la experiencia histórica muestra que todo intento de apaciguar a los matones suele traducirse en más atropellos. No hay que ir muy lejos: ahí están las muertes acumuladas de la ‘Paz Total’.

¿Qué puede hacer una sociedad dominada por un gobierno criminal, abusivo y violento que se perpetúa en el poder? Se invoca el principio de autodeterminación de los pueblos. Pero, ¿de qué autodeterminación hablamos cuando no hay democracia, cuando las elecciones no existen o se manipulan, cuando se persigue, encarcela, tortura o asesina a quien disiente, cuando la única salida para millones es el exilio? Llamar a eso ‘voluntad popular’ es una burla cruel.

Si todo esto ocurre y el mundo mira hacia otro lado invocando la ‘no injerencia’, estamos ante una forma de complicidad, o de tolerancia culpable. Basta estudiar con detenimiento lo que ocurre en Corea del Norte, donde la dictadura comunista se hereda ya por cuarta generación; o en Irán, Cuba o Nicaragua, donde camarillas enquistadas en el poder condenan al resto de la población a una vida de privaciones ‘en dignidad’.

Cuántas vestiduras rasgadas con la intervención de Trump en Venezuela. Cuántas invocaciones al derecho internacional, cuántos discursos contra el imperio y sus ‘verdaderas intenciones’–petróleo, minerales, dominio, liberación–. Y, sin embargo, qué poca consideración con el sufrimiento real de los venezolanos: más de ocho millones de desterrados, miles de presos políticos, torturados, asesinados, y un país entregado al crimen organizado. Por ellos no hubo marchas multitudinarias ni indignación global sostenida.

Hay que hacer un balance difícil entre el sufrimiento prolongado de un pueblo sometido por la tiranía y los dilemas legales que implica usar la fuerza cuando todos los caminos pacíficos han sido clausurados.

“El fin no justifica los medios”, se repite con razón. Pero la pregunta sigue abierta, incómoda e inevitable: ¿cuál es el medio legítimo para liberar a un pueblo secuestrado por un sátrapa armado y sostenido por esbirros importados? ¿Va a ser suficiente descabezar a unos pocos para enderezar el rumbo, cuando hay tantos acostumbrados a parasitar el Estado, recogiendo las migajas que deja caer la élite corrupta?

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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