Columnistas
Defender lo indefendible
Lo que no me cabe en la cabeza es que salgan el Presidente de la República, su jefe de Gabinete, el Ministro de Defensa y el Director de la Policía a defender un procedimiento que por donde se le miro fue por lo menos abusivo.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


31 de may de 2023, 02:00 a. m.
Actualizado el 31 de may de 2023, 11:24 p. m.
Yo les cuento que a mí me llegan a acusar de robarme un dinero donde trabajo, me llevan a un sótano donde tres camajanes de seguridad me interrogan, me amenazan con ir contra mi familia y luego de eso me someten a una prueba de polígrafo, por muy inocente que yo sea lo más seguro es que de los nervios pierda la prueba. ¡Ah! Y por supuesto bajo semejante presión les firmo el consentimiento que sea.
Supongo que así le sucedió a Marelbys Meza, la exniñera de la jefe de Gabinete de la Presidencia de la República, Laura Sarabia. No voy a meter las manos en el fuego por ella, ni a decir que es culpable o no, aunque en Colombia cualquier sindicado es inocente hasta que se pruebe lo contrario. Lo que sí pienso, con mirada de ciudadana del común, es que de principio a fin en este caso el proceso estuvo mal y no hay cómo justificarlo.
Comencemos por lo que se sabe, de boca de la extrabajadora doméstica, sobre el presunto delito. Al apartamento de Sarabia llega un viernes una policía del esquema de seguridad de la funcionaria con un maletín, Marelbys la recibe con el niño al que cuida cargado en sus brazos, le dice que ponga el maletín en un mueble y se olvida de él. Al día siguiente, sábado, sale a su descanso, el domingo la llaman para que vaya a su sitio de trabajo y allí la empiezan a interrogar, a decirle que se perdieron 150 millones de pesos, que es una ladrona, que los devuelva, que se va para la cárcel.
El lunes fue la prueba del polígrafo en el sótano del edifico Galán frente a la Casa de Nariño, a donde Meza llegó con el chofer de Laura Sarabia quien la recogió en su casa. No hay registros oficiales de su ingreso al lugar, donde según ella pasó entre cuatro y cinco horas, sometida a indagaciones y amedrentamientos, y sin un abogado que la asesorara. De acuerdo con el testimonio, en ese lapso de tiempo Marelbys se sintió presa y secuestrada.
El caso pasa casi desapercibido por cuatro meses, y estalla con la entrevista concedida por la exniñera a Semana, entre otras razones, según explicó, por el acoso al que siente que la han sometido a ella y a su familia. Dice que hay carros vigilando su casa a toda hora, siguiendo a sus hermanos y que incluso les hicieron una requisa en la terminal a ella, a su mamá y quienes la acompañaban, entre ellos un menor de edad.
Entonces empezaron las explicaciones. Que no fueron 150 millones si no 7.000 dólares. Que los interrogatorios y el polígrafo estuvieron ajustados a la ley, aunque la Fiscalía no emitió órdenes para ello. Que se hizo porque estaba en riesgo la seguridad del Presidente y del mismo Estado, y es el protocolo que se sigue en esos casos. Que se trata de un complot orquestado en contra de Sarabia y del Gobierno...
Poco se dé de esos intríngulis de mala leche de la política. Lo que no me cabe en la cabeza es que salgan el Presidente de la República, su jefe de Gabinete, el Ministro de Defensa y el Director de la Policía a defender un procedimiento que por donde se le mire fue por lo menos abusivo.
Abusivo porque fue un robo en la vivienda particular de la funcionaria y no en dependencias del Estado. Abusivo porque lo que se robaron fue plata y no papeles del gobierno que comprometieran la seguridad del país. Abusivo porque se hizo contra una persona asustada, a la que no se le respetaron sus mínimos derechos legales. Abusivo porque frente a esos hechos lo primero que se debió hacer fue recurrir a la Fiscalía o poner el denuncio en la Policía, como haría cualquier ciudadano del común si sufre un hurto de plata en su casa.
Lo que creo –e insisto que no meto las manos en el fuego por la señora Marelbys Meza y será la Justicia la que determine si es culpable o inocente- es que aquí hubo un claro abuso de poder y que para no hacer quedar mal a Laura Sarabia o tener que destituirla por ello, al presidente Petro y a sus subalternos, no les quedó más que defenderla y justificar lo injustificable.

Directora de El País, estudió comunicación social y periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Está vinculada al diario EL País desde 1992 primero como periodista política, luego como editora internacional y durante cerca de 20 años como editora de Opinión. Desde agosto de 2023 es la directora de El País.
6024455000





