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Óscar López Pulecio

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Cuerpos en movimiento

La salsa en Cali se convirtió en un espectáculo de cabaret, lentejuelas y oropeles, para turistas, en exceso acrobático.

25 de noviembre de 2023 Por: Redacción El País

La danza contemporánea está centrada en el cuerpo. Sin vestuarios elaborados, sin adornos, sin escenografía. Con la luz y la sombra como único soporte escénico. Los cuerpos ondulan al ritmo de la música, como olas que vienen y van, como bandadas de pájaros en el cielo azul. Escondiendo en la facilidad del movimiento todo el rigor de la disciplina, la técnica, la secreta coreografía que lo hace posible.

La compañía Suiza de baile Linga presentó en uno de los muchos escenarios de la 6 Bienal Internacional de Danza que acaba de pasar en Cali, su obra Flow (Fluir), que es exactamente eso: el fluir incesante de cuerpos en el escenario, creando imágenes de gran belleza al ritmo de una música electrónica que es como una cascada, agua cayendo entre las rocas en veladas estridencias. Su encanto reside en que se mantiene dentro de las fronteras de la danza como disciplina, tan difusas hoy en día cuando se confunde a veces con el teatro o con el folclor. Le devuelve al cuerpo su protagonismo como instrumento de expresión.

Al otro extremo de esa precisa puesta en escena está la improvisación de la danza urbana, donde los bailarines se desafían entre ellos para ver cuál puede hacer más movimientos arriesgados. El grupo Crazy Smooth de Canadá presentó su obra In my body (En mi cuerpo) que se define como un planteamiento atlético de la evolución del yo y los efectos del envejecimiento en los bailarines callejeros. Lo cual quiere decir más o menos que ese break dance es un baile de extrema juventud que exige una flexibilidad total. Describe el drama siempre festivo de los viejos bailarines callejeros (viejos de 30 años) que tratan con nostalgia y agotamiento de igualar a los muchachos (de 18 años). Es una técnica aprendida en las calles, no en las academias, llena de dinamismo y riesgo.

Se abrió la variada y numerosa programación de la Bienal con el estreno de la obra ‘Pacífico Entundao’, una producción propia en la que participaron más de 130 artistas en escena con la compañía Sankofa Danzafro, la Orquesta Filarmónica de Cali, el ensamble Tamborimba y el Coro Desepaz. Un complejo montaje de coros, orquesta y danza, inspirada en ritmos afros, con bailarines afros, que describen el embrujo, la muerte y la fiesta, con música de Héctor González, inspirada en ritmos vernáculos, a veces triste, a veces agitada, con un final fantasmagórico de coloridos trajes y máscaras.

La bienal organizó un concurso llamado En Cali se baila así, de escuelas de salsa, entre las comunas de Cali, cuyos ganadores fueron presentados en la inauguración. La salsa en Cali se convirtió en un espectáculo de cabaret, lentejuelas y oropeles, para turistas, en exceso acrobático. Un ritmo endiablado difícil de seguir, lejos de los orígenes populares que adaptaron esos ritmos venidos de la migración portorriqueña en Nueva York, sin la frescura y la improvisación del break dance callejero, que de allá mismo venía.

Cuatro maneras muy distintas de poner los cuerpos en movimiento, todos buscando la libertad, desde la academia, desde la calle, desde las raíces ancestrales, desde el cabaret. El resultado es siempre sorprendente, puesto que nace de una permanente indagación sobre las posibilidades de la danza, cuando se nutre de lo auténtico. Mucho que aprender y aprovechar de esa oportunidad de exponer a Cali a tanto movimiento.

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